«Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve… Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.» Salmo 51:7, 9
«Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como la lana quedarán.» Isaías 1:18
«Yo deshice como una nube espesa tus transgresiones, y como una nube tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.» Isaías 44:22
No debemos apartarnos de Cristo a causa de nuestros tropiezos y nuestras múltiples faltas; eso nos arrojaría de nuevo bajo la ley y nos sometería a condenación. Más bien, debemos humillarnos directamente ante Dios y buscar con sinceridad el perdón mediante la sangre de Cristo. Cuanto más demoremos esto, peor empeorará nuestro estado; y cuanto antes se haga, más pronto obtendremos el perdón. Al no imputarnos el Señor aquellos pecados que son sinceramente arrepentidos, el alma vuelve a su reposo. Y, en vez de caer en una seguridad carnal (como algunos podrían pensar), fortaleceremos así nuestra fe y seremos más vigilantes.
Apresúrate, pues, y ven cuanto antes y tan bien como puedas. Él te recibirá, aunque te acerques a Él despacio y con temblor. Es un gran acto de fe acudir a Jesús y confesar el pecado apenas cometido, y suplicarle el perdón. Satanás sugiere siempre la demora, y con demasiada frecuencia le hacemos caso, como si permitir que la culpa se enquiste en la conciencia pudiera traernos algún bien. Apenas el pecado sea descubierto, llévalo de inmediato a Jesús.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — March 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.