Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Afectos fijos en las cosas de arriba

Sólo el amor de Cristo, manifestado al alma, eleva nuestros afectos de la tierra al cielo y los fija en las bendiciones celestiales atesoradas en él.

¿Cómo hemos de poner nuestro afecto en las cosas de arriba? ¿Podemos realizar por nosotros mismos esta gran obra? No; es sólo el Señor mismo, manifestando su hermosura y bienaventuranza a nuestra alma y bajando el cordón dorado de su amor a nuestro pecho, lo que levanta nuestros afectos y los fija donde él está sentado a la diestra de Dios. Para ello cautiva el corazón con alguna mirada de amor, alguna palabra de su gracia, alguna dulce promesa o alguna verdad divina aplicada espiritualmente. Cuando así cautiva el alma y la eleva, los afectos fluyen hacia él como la fuente y el manantial de toda bendición. No somos azotados para amarle, sino atraídos por amor hacia el amor. El amor no puede comprarse ni venderse; es un afecto interior que fluye natural y necesariamente hacia su objeto; y así, conforme el amor sale hacia Jesús, los afectos se fijan instintivamente «en las cosas de arriba, y no en las de la tierra».

Pero ¿cuáles son esas «cosas de arriba»? Son todas las cosas atesoradas en Cristo, que respiran a Cristo y brotan de Cristo: perdón, paz, justicia, amor, «gozo inefable y glorioso», con fortaleza contra el pecado, victoria sobre la muerte y el infierno, poder contra los deseos y tentaciones que nos asedian; en una palabra, toda bendición con que Dios ha bendecido a su pueblo «en los lugares celestiales en Cristo». Estas son las cosas de arriba sobre las que el alma ha de poner sus afectos. Pero necesitamos alguna mirada de fe a la Persona de Cristo, el Hijo eterno del Padre eterno; él debe ser revelado a nuestra alma por el poder de Dios antes de que podamos ver su hermosura y bienaventuranza, y enamorarnos de él como «el principal entre diez mil y todo él codiciable». Entonces todo lo que habla de Cristo, saborea a Cristo y respira a Cristo se vuelve inefablemente dulce y precioso.

Y de ninguna otra manera pueden los afectos elevarse de la tierra al cielo. No podemos controlar nuestros afectos; correrán por sí mismos. Si son terrenales, correrán hacia la tierra; si son carnales y sensuales, fluirán hacia objetos carnales. Pero cuando el Señor Jesucristo, por alguna manifestación de su gloria y bienaventuranza, o el Espíritu Santo, tomando de las cosas de Cristo y revelándolas al alma, lo pone ante nuestros ojos como el único objeto digno de reclamar todo afecto de nuestro corazón, entonces los afectos fluyen espiritualmente hacia él; y cuando esto sucede, los afectos están puestos en las cosas de arriba.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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