Debemos notar en los demás lo que es bueno, para su alabanza, a fin de estimularlos a abundar en ello cada vez más. Todos los que son enseñados salvíficamente por Dios, son enseñados a amar unos a otros. La enseñanza del Espíritu supera las enseñanzas de los hombres; y la enseñanza de los hombres es vana e inútil, a menos que Dios enseñe. Quienes se destacan por esta o cualquier otra gracia, necesitan crecer en ella, así como perseverar hasta el fin. Es muy deseable tener un temperamento sereno y tranquilo, y una conducta pacífica y sosegada. Satanás está ocupado en afligirnos; y tenemos en nuestros corazones lo que nos dispone a ser inquietos; por tanto, esforcémonos por estar quietos. Quienes son entrometidos, mezclándose en los asuntos ajenos, tienen poca quietud en sus propias mentes, y causan grandes disturbios entre sus vecinos. Rara vez atienden la otra exhortación: ser diligentes en su propia vocación, trabajar con sus propias manos. El cristianismo no nos aparta del trabajo y del deber de nuestras vocaciones particulares, sino que nos enseña a ser diligentes en ellas. Muchas veces las personas, por su pereza, se reducen a grandes estrecheces, y están expuestas a muchas necesidades; mientras que los diligentes en sus propios asuntos ganan su propio pan y tienen gran placer en hacerlo.
No afligirse desmesuradamente por la muerte de parientes y amigos piadosos, considerando la gloriosa resurrección de sus cuerpos en la segunda venida de Cristo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Thessalonians 4:9-12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.