Flores de un jardín puritano

Amigo, tú también estás envejeciendo

Una advertencia sobre lo absurdo de observar la vejez ajena sin contar nuestros propios días y buscar sabiduría para el destino eterno.

«Vemos que los demás son mortales, ¡pero no contamos nuestros propios días!»

Esta es una observación común acerca de lo que en realidad es una extraordinaria pieza de necedad. ¿Qué puede importarnos cómo envejecen los demás? Nuestra principal preocupación es nuestra propia conducta y el empleo de nuestros propios días.

Ven, amigo, ¡tú también te estás poniendo viejo! Algunos copos de nieve aquí y allá sobre aquella cabellera que fue negra como el plumaje de un cuervo son proféticos del invierno que se acerca. ¡Y esos anteojos también! ¡Vaya, no volverás a ver los cincuenta jamás! Has vivido medio siglo, y más; ciertamente ¡ya es hora de ser sabio!

Vemos que el señor Brown se va volviendo todo un anciano. Sin duda; pero tú también avanzas. El señor Brown no se vuelve un año más viejo en menos tiempo que tú. ¡Todos navegamos a la misma velocidad! ¿No es ya hora de que tomemos observaciones y averigüemos nuestra longitud y latitud?

En todo caso, ¡sería bueno saber a qué puerto nos dirigimos!

«Mis días son más veloces que la lanzadera del tejedor!» Job 7:6

«Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.» Salmo 90:12

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Come, friend, you too are getting old!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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