Había entonces mucho mal en la iglesia, pero Dios no se dejó a sí mismo sin testimonio. Ana habitaba siempre en, o al menos asistía a, el templo. Estaba siempre en espíritu de oración; se entregaba a la oración y en todas las cosas servía a Dios. Los a quienes se les da a conocer a Cristo tienen gran razón para dar gracias al Señor.
Ella enseñaba a otros acerca de él. Que el ejemplo de los venerables santos, Simeón y Ana, dé aliento a aquellos cuyas cabezas canas son, como las de ellos, una corona de gloria, al ser halladas en el camino de la justicia.
Los labios que pronto han de enmudecer en la sepultura deberían estar mostrando las alabanzas del Redentor.
En todo convenía que Cristo fuese hecho semejante a sus hermanos; por tanto pasó por la infancia y la niñez como otros niños, pero sin pecado y con manifiestas pruebas de la naturaleza divina en él. Por el Espíritu de Dios, todas sus facultades cumplían sus oficios de una manera no vista en nadie más. Otros niños tienen la necedad ligada en sus corazones, lo cual aparece en lo que dicen o hacen; pero él estaba lleno de sabiduría, por la influencia del Espíritu Santo; todo lo que decía y hacía era sabiamente dicho y sabiamente hecho, por encima de lo que correspondía a su edad. Otros niños muestran la corrupción de su naturaleza; en él nada había sino la gracia de Dios.
Cristo con los doctores en el templo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 2:36-40
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.