Porciones diarias

Andar con Dios requiere pensar y sentir como Él

Hubo un tiempo en que el mundo tenía el primer lugar en tu corazón y estabas en desacuerdo con Dios. Cuando sus pensamientos se vuelven los tuyos, Él y tú pueden andar juntos en comunión.

Hubo un tiempo, hijo de Dios, en que el mundo ocupaba el primer lugar en tu corazón. Dios no era soberano en tu corazón. Tú y Él estabais, por tanto, en desavenencia. Pero ahora, por la gracia, has sido llevado a hacer de la eternidad tu principal preocupación. En eso tú y Dios estáis de acuerdo; pues en la mente de Dios, la eternidad pesa tanto más que el tiempo como las estrellas del cielo nocturno pesan más que un grano de polvo. Hubo un tiempo en que amabas el mundo y las cosas del tiempo y de los sentidos; y la tierra y lo terreno eran tu elemento y tu hogar. En eso tú y Dios discrepabais; porque el Señor veía que el mundo estaba lleno de mal, mientras tú lo veías lleno de bien. El Señor veía el mundo bajo su maldición, y tú amabas su favor y su bendición, buscando loca y perversamente disfrutar aquello que Dios había denunciado; por tanto no podíais acordar.

Ves, pues, que para estar de acuerdo con Dios, debemos tener los pensamientos de Dios en nuestro corazón, los caminos de Dios en nuestra alma y el amor de Dios en nuestros afectos. «Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor». Mas han de volverse tales; y cuando los pensamientos de Dios se vuelven nuestros pensamientos y los caminos de Dios nuestros caminos; cuando tenemos la mente de Cristo y vemos con los ojos de Dios, entonces Dios y nosotros estamos de acuerdo y, estando acordados, podemos andar juntos.

¿Qué es andar juntos? Es gozar de unión, comunión, compañía y amistad. Ahora bien, según somos llevados a acordar con Dios, andamos con Dios. Él ha establecido en lo alto un trono de misericordia, y cuando así se acuerdan, Dios y el hombre pueden encontrarse en el propiciatorio del Redentor. A medida que los ojos son iluminados para ver la verdad de Dios; que el corazón es tocado para sentir el poder de Dios; y que los afectos son atraídos a amar las cosas de Dios, nos encontramos en el propiciatorio. Está rociado con sangre; contiene y oculta a la vista las tablas quebradas de la ley. Allí Dios se encuentra con el hombre en amistad graciosa, y le capacita para derramar su alma ante Él y contarle sus penas, pruebas y tentaciones. Y de vez en cuando le alivia dulcemente dejando caer una promesa graciosa, aplicando alguna porción de su verdad sagrada, animándole a creer en su amado Hijo y a esperar aún en su misericordia.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: October 18

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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