Mañana y noche

Aparta mis ojos de la vanidad y vivifícame

Hay muchas clases de vanidad, algunas declaradas y otras traicioneras como el afán del mundo y las riquezas. Ante nuestra lentitud espiritual, solo Dios puede vivificarnos para servirle con celo.

Hay diversas clases de vanidad. El capirote y cascabeles del necio; el regocijo del mundo; la danza, la lira y la copa del disoluto. Todas estas sabemos que son vanidades; llevan en su frente su propio nombre y título. Mucho más traicioneras son esas cosas igualmente vanas—los afanes de este mundo y el engaño de las riquezas. Un hombre puede seguir la vanidad tan verdaderamente en su negocio—como en el teatro. Si pasa su vida atesorando riquezas—gasta sus días en una vana apariencia. A menos que sigamos a Cristo, y hagamos de nuestro Dios el gran objeto de la vida, solo nos diferenciamos en apariencia de los más frívolos. Está claro que hay mucha necesidad de la primera oración de nuestro texto.

«Vivifícame en tu camino». El salmista confiesa que está embotado, pesado, torpe—casi muerto. Quizá, querido lector, sientas lo mismo. Somos tan perezosos que los mejores motivos no pueden vivificarnos, aparte del Señor mismo. ¡Qué! ¿No me vivificará el infierno? ¿Pensaré en pecadores pereciendo—y aun no despertar? ¿No me vivificará el cielo? ¿Puedo pensar en la gloria que aguarda a los justos—y aun estar frío? ¿No me vivificará la muerte? ¿Puedo pensar en morir y comparecer ante mi Dios—y aun ser perezoso en el servicio de mi Maestro? ¿No me constreñirá el amor de Cristo? ¿Puedo pensar en sus queridas llagas, puedo sentarme al pie de su cruz—y no conmoverme con fervor y celo? ¡Parece que sí! Ninguna consideración por sí sola puede vivificarnos al celo—sino Dios mismo debe hacerlo; de ahí el clamor: «¡Vivifícame!»

El salmista exhala toda su alma en fervientes súplicas—su cuerpo y su alma se unen en oración. «Aparta mis ojos», dice el cuerpo; «Vivifícame», clama el alma. Esta es una oración adecuada para cada día. Oh Señor, escúchala en mi caso esta noche.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: January 20 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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