«¡Apártense de Mí!» Mateo 25:41
«¡Apártense!» No hay palabra, puedo estar cierto, que pase de los labios de Cristo con tanta renuencia, ni que más le duela a Su tierno alma pronunciar, como la terrible palabra «Apártense.»
¡Hay un tono de finalidad y desesperanza en la palabra! Es como el golpe de una puerta que se cierra —una puerta que, mientras escuchas, sabes que no se abrirá jamás, nunca jamás.
Significa, en cuanto puedo desplegar y ampliar su lobreguez y su tristeza, que el corazón queda excluido de toda influencia graciente. Es abandonado por el Espíritu Santo que suplica. Es abandonado por el Salvador compasivo y amoroso. Es abandonado por el Padre, que no se complace en la muerte del impío. Se ha desterrado a sí mismo a las tinieblas oscuras. La puerta de la Ciudad de Dios está atrancada y cerrada con llave, tan firme, tan segura, y él se halla del lado equivocado de la puerta. Oh, tiemblo al intentar interpretar la palabra luctuosa —¡no puedo ver lejos, no me atrevo a echar mi sonda en sus abismos insondables!
Pero Cristo nunca me dirá «Apártense», a menos que yo se lo haya dicho antes a Él. Cuando Él llamó, yo rehusé. El mundo me absorbió. O fui engañado por un pecado predilecto. O no vi mi necesidad. O no fui enternecido por Su amor. Una, dos, setenta veces siete, mil veces, Él se detuvo y llamó a la puerta de mi corazón. Y siempre hice oídos sordos —siempre dije «Apártense.»
Ah, que no escriba yo mi propia sentencia de condenación. Que no obligue a Jesús el Salvador a levantar y desenvainar la espada, cuya empuñadura es tan cortante para Él como su hoja lo es para mí!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Matthew 25:41
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.