«Estamos…
atribulados en todo, pero no angustiados;
perplejos, pero no desesperados;
perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos». 2 Corintios 4:8-9
En verdad, mi vida cristiana es un enigma.
Pues estoy en el mundo, y sin embargo mi amor y mi hogar están muy lejos. No soy asceta ni recluso; pero mi «corazón y mi mente se mueven allí», solo mis «pies permanecen aquí».
Y me asedia el pecado, y no obstante he sido librado del pecado. Me sigue los pasos y nubla mi paz; pero sigo siendo un hombre libre de Cristo. En el pensamiento secreto, en la práctica, en las aspiraciones, estoy entre los santos.
Y cuanto más pequeño se hace mi peso, más siento su presión. Mi corazón avanza en la gracia, mediante la comunión de Dios conmigo. Pero mi conciencia adquiere mayor sensibilidad. Me condena con más frecuencia.
Y soy débil, y sin embargo soy fuerte. Débil en mi propia impotencia, pues aparte de Él nada puedo hacer. Pero entonces, al apoyarme en Él, me reviste de una fuerza que ni se doblará ni se quebrará.
Y lo que aplasta a otros, me levanta más alto. La aflicción, contra la cual se rebela el hombre mundano, da…
un nuevo filo a mi santidad,
un nuevo fervor a mis oraciones,
una nueva amplitud a mi simpatía,
un nuevo resplandor a mi cielo.
Mi Señor ha estado mucho tiempo conmigo, pero apenas lo conozco todavía.
Y estoy satisfecho, y aun tengo hambre.
Y aunque me alegra vivir, me alegraré más en morir.
La vida es comunión con Cristo y servicio a Cristo.
La muerte es la presencia de Cristo, el trono de Cristo, la corona de Cristo.
¡Sin duda, soy un prodigio para otros y para mí mismo!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — 2 Corinthians 4:8-9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.