La soledad endulzada

Aprovecha los bienes terrenales sin olvidar al Dador

Tal es la corrupción de la naturaleza humana, aun en el mejor cristiano, que al recibir los bienes de esta vida olvidamos al Dador y idolatramos el don. Conviene recibir cada favor con humilde gratitud y gozarnos con moderación.

Tal es la corrupción de la naturaleza humana, aun en el mejor cristiano, que mientras recibimos los bienes de esta vida, olvidamos al Dador y idolatramos el don. Somos propensos a pensar con exceso de cada bendición. Debemos recibir cada favor de Dios con humilde gratitud. Hemos de tener siempre presentes en nuestra mente las siguientes reflexiones, que nos ayudarán a regocijarnos con moderación en las bendiciones de esta vida presente.

1. El bien creado siempre es mayor en la perspectiva que en la posesión; mientras que la bienaventuranza celestial, como la gloria y la sabiduría de Salomón, cuanto más se acerca, mayor se muestra.

2. Ninguna felicidad mundanal puede enriquecer el alma. Muchas veces los hombres más felices en cuanto al mundo tienen la mayor flaqueza en su alma, y a medida que su hombre exterior florece, su hombre interior decae.

3. Nada de lo que recibimos en el mundo puede conservarnos en él un momento más. Muchas cosas que poseemos, como las riquezas y los parientes, nos hacen a la vez reacios e incapaces de dejar el mundo.

4. Siempre hay una deficiencia en los más perfectos goces terrenales, y una espina en los más placenteros de ellos.

5. ¿Tenemos buen nombre? Lenguas mentirosas pueden arruinarlo. ¿Tenemos riquezas? Por bien aseguradas que estén, pueden hacerse alas y volar away. ¿Tenemos parientes amados, amables y queridos? La muerte puede privarnos de todos ellos y dejarnos solos en nuestro luto. ¿Tenemos hijos? Pueden morir jóvenes y hacer sangrar nuestro corazón. O pueden vivir largo tiempo y, con su vida impía, quebrantar nuestro corazón cuando ya estamos encorvados por los años.

6. Hace un mal cambio quien prefiere la criatura antes que a Dios, o quien da a Dios menos lugar en su mente, en sus meditaciones y en sus afectos, para que sus goces terrenales tengan más cabida.

7. La tranquilidad de la mente y una conciencia serena son don de Dios. Ningún goce terrenal puede otorgarlas, ni compensar su pérdida cuando se han ido.

8. La carnalidad brotará en cada rincón y se introducirá con cada cosa buena. La carnalidad se insinúa en medio de todas las gracias del Espíritu, de modo que necesitamos estar siempre en guardia.

9. La brevedad e incertidumbre de la vida humana, así como debería secar las lágrimas del que llora, también debería moderar nuestros gozos terrenales.

10. Según los talentos puestos en nuestras manos, según los dones de Dios para con nosotros, así deberemos dar cuenta al soberano Juez de todos. Nuestra propensión a usar mal todas las bendiciones de Dios debería mantenernos humildes en todo tiempo y en todo lugar.

11. Puesto que la sabiduría infinita ha visto fit otorgar muy poco bien mundanal o felicidad terrenal a la mayor parte de su pueblo, esto debería enseñarnos a poseer los bienes de esta vida con temor y a regocijarnos en ellos con temblor.

12. Ser despojados de nuestras posesiones, perder a nuestros parientes amados, ser removidos de nuestros puestos y empleos, y ser privados de todos nuestros goces, resulta más amargo y penoso que nunca haber tenido posesión, pariente, puesto o empleo.

13. Los bienes terrenales no podemos llevarlos con nosotros al mundo eterno, ni sacar consuelo de ellos en la hora de la muerte, ni asegurarlos a nuestros herederos en este mundo cuando ya no estamos. Por tanto, es solo nuestra imaginación viciada la que pinta tales escenas de placer en las vanidades terrenales.

14. La confianza en las cosas terrenales acompaña con demasiada frecuencia la posesión de ellas; sin embargo, este es el gusano que roe la raíz de todos nuestros goces. Pues es en Dios, el Dador de todo, donde debe descansar toda nuestra confianza.

15. El favor de Dios es nuestra mejor herencia, la providencia de Dios es nuestra posesión más rica. El favor de Dios puede hacernos felices a pesar de todas las desdichas mientras vivimos. La providencia de Dios puede atender a nuestra posteridad cuando ya no estemos.

16. Finalmente, nuestra sabiduría es procurar gozar de Dios en todas las cosas, verle en todas las cosas, glorificarle en todas las cosas, preferirle sobre todas las cosas y estar plenamente satisfechos con Él solo, en lugar de todas las cosas creadas: parientes, riquezas, buen nombre, paz, prosperidad, salud y vida, o cuanto disfrutamos aquí abajo.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: A caution against excess of joy in any earthly good

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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