Las vigilias matutinas

Aproximarnos al cielo mientras servimos cada día

Quienes viven bajo los poderes del siglo venidero hallan en la esperanza de la gloria una quietud serena que sobrelleva toda disciplina y unifica a los redimidos en una misma alabanza eterna al Cordero.

Oh Dios, en la multitud de tus misericordias se me permite otra vez ver la luz de un nuevo día. Con otro albor que se eleva, disipa todas las nubes de pecado e incredulidad de mi alma; descúbrete a mi vista con destellos luminosos y dulces primicias de aquellos goces que ni el ojo vio ni el oído oyó.

Aquí, Señor, no tengo ciudad perdurable; el cambio es mi porción en la casa de mi peregrinación, y no quisiera vivir aquí para siempre. Más bien quiero estar ausente del cuerpo y presente con el Señor.

Despréndeme de este mundo incierto y llévame a vivir bajo los poderes del siglo venidero. Me regocijo al pensar en las dichosas miríadas ya en la gloria, vestidas de ropas blancas y con palmas en las manos, a salvo en la presencia del Maestro a quien aman, con toda lágrima enjugada. Me regocijo al saber que la sangre y la gracia a las que deben sus coronas siguen tan libres como siempre. Con una medida de segura esperanza, me es concedido decir: «Ahora está guardada para mí una corona de justicia, que el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día». Que el pensamiento de aquella inmortalidad sin pecado ni dolor me reconcilie con toda disciplina severa de la tierra; que no murmure bajo la cruz más pesada ante la perspectiva de tal corona, sino que soporte con serenidad lo que tú dispongas sobre mí.

Señor, concede que la cercanía de la eternidad me impulse a mayor diligencia en tu servicio. Que tenga ceñidos mis lomos y encendida mi lámpara, y que viva cada día, y este día, como si fuera el último. Lo que pido para mí lo busco en favor de todos mis amados amigos: que cada ojo se dirija a Jesús y cada paso apunte al cielo. Unifica a tu pueblo, para que viviendo cerca de Jesús vivamos cerca de todos los suyos, aguardando aquella bienaventurada época en que veremos rostro a rostro y corazón a corazón, sin nota discordante que turbe la eterna adoración: «¡Bendición y honra y gloria y poder al que está sentado en el trono y al Cordero, por los siglos de los siglos! Amén.»

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR NEARER VIEWS OF HEAVEN

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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