Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Arraigados en el suelo inagotable de Cristo

Como un noble árbol revela la riqueza del suelo, los árboles de justicia del Señor se hunden en el suelo celestial de la Persona y la obra de Cristo. Cuanto más profundo se arraiga el alma en él, más se fortalece y fructifica.

Es un hermoso espectáculo contemplar un árbol noble; y podemos inferir de la fuerza del árbol la riqueza del suelo, pues solo en suelo profundo y bueno crecen tales árboles. ¡Pero mirad los árboles de justicia, plantado del Señor para que él sea glorificado! ¡Qué profundidad y riqueza hay en el suelo celestial en que están plantados! Contemplad la verdadera, real y eterna filiación de Cristo, la gloriosa Deidad de Jesús, y contemplad esa Deidad en unión con su humanidad sufriente. ¡Qué suelo el de allí! ¡Qué amplitud para sostener miles y miles de árboles nobles! ¡Qué profundidad para que enraícen! ¡Qué fertilidad para vestirlos de follaje y cargarlos de fruto! Los suelos naturales más fértiles pueden agotarse, pero este es inagotable. ¿Acaso puede agotarse la Deidad? ¿No es propio de su misma naturaleza ser infinita? Y cuando contemplamos lo que ahora es nuestro benditísimo Señor a la diestra de Dios, ¡qué Salvador tan perfecto y completo es para que el alma se aferre a él!

Además, así como cuanto más profunda y extensamente extiende un árbol sus raíces en el suelo, más nutrición absorbe, así acontece con un corazón creyente. Cuanto más se aferra a Cristo por la fe, más el alma echa raíces en él; y cuanto más firme lo asienta y más hondo enraíza en él, más fuerte se sostiene y más nutrición celestial saca de su plenitud. Esto es estar «arraigado en Cristo». Una religión será siempre superficial, engañosa y ruinosca si no tiene a Cristo en quien arraigar, pues entonces habrá de arraigar en sí misma. Pero si está plantada y arraigada en Cristo, entonces hay en él una suficiencia, una conveniencia y una plenitud gloriosa en las cuales el alma puede echar las raíces más profundas, y no solo para el tiempo sino para la eternidad; pues tal fe jamás será confundida, tal amor jamás perecerá y tal esperanza jamás será avergonzada.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: June 20

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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