Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Aun en el valle solo es una sombra

La muerte siega a millones y proyecta su sombra doquiera que va, pero para el creyente es solo un portal. En Cristo la sustancia del terror murió, y queda solo una sombra que pasa.

La muerte, el ceñudo rey de los terrores; la muerte, que con su guadaña en su mano irresistible siega a millones enteros del género humano; la muerte, que aguarda a sus víctimas en cada esquina; la muerte, que pronto ha de postrar a usted y a mí en el sepulcro, echa una sombra doquiera que va. Visita el aposento del enfermo, y allí echa su sombra; se cierne sobre la cuna, y su sombra cae sobre el rostro del niño; viene en la carta de allende los mares, o con el sello negro y el sobre de luto puesto en nuestra mano en casa; y estas noticias o estos emblemas proyectan una sombra profunda sobre nuestros corazones. En efecto, ¿dónde está el lugar donde la muerte no echa su sombra? ¿Dónde la casa donde esta sombra jamás ha caído? En realidad, él nunca viene sin ella. Es «el último enemigo»; es el cumplimiento final de la maldición original.

Y aunque la muerte, para un santo de Dios, queda despojada de sus terrores, privada de su aguijón y desarmada de su victoria; aunque para el creyente que expira no es sino un portal de vida hacia las mansiones de la bienaventuranza eterna, digamos lo que digamos, el portal proyecta una sombra. Aun David, aunque lleno de la dulce confianza de que «el Señor era su pastor», en el mismo tiempo en que «su copa rebosaba» de la bondad y el amor del Señor, lo llama «el valle de sombra de muerte». «La vara y el cayado» le confortaban, y «no temía mal alguno», pero era aún «un valle», cubierto por montes ceñudos y oscuros bosques que se arqueaban sobre él, y «la sombra de muerte» se extendía sobre él desde la entrada hasta el fin. Y con todo, no es sino una «sombra».

Para los que están sin gracia, sin Cristo, impenitentes e incrédulos, es una sustancia, pues la ira de Dios, que arde hasta el infierno más profundo, los aguarda al final del valle, para sumirlos en el lago que arde con fuego y azufre. Pero para los que mueren en el Señor, en el dulce gozo de la paz por su sangre, no es sino una sombra que pasa. Para ellos la sustancia murió cuando Jesús murió. Fue sepultada en su tumba, pero no resucitó con él, pues él la destruyó cuando «quitó de en medio la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad».

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 21

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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