«Aviva el don de Dios que está en ti.» 2 Timoteo 1:6
¿Cómo puede hacerse esto? Considerando tanto tu propia gran pobreza y necesidad, como las riquezas de la gracia que hay en Cristo para ti, y acercándote así a Dios por Él en fe. Pero no basta hacerlo una vez para siempre, ni solo de vez en cuando. Ha de ser tu obra diaria. La omisión de un solo día puede dañar grandemente tu alma. Las horas de la mañana se prestan de manera especial a este propósito. Hay que aprovecharlas directamente para conversar con Dios en oración antes de ocuparnos de cualquier otra cosa en nuestros asuntos, por muy necesaria e importante que sea, no sea que nos enredemos y distraigamos todo el día.
Para obtener mayor fuerza, acércate a Cristo lo más posible y suplícale como si fuera la última vez. Derrama todo tu corazón ante Él, sin rendirte demasiado pronto; sé instante en tus súplicas, al menos con continuo gemido interior, hasta que tu corazón arda dentro de ti y sientas el vivificante influjo de su gracia y de su Espíritu.
Luego hay que cuidar con gran esmero de conservar esta bendición y esta fuerza en una mente serena y compuesta; examínate con frecuencia, especialmente por las noches, cómo se ha empleado el día. Aprende qué es el don de Dios y mejóralo como conviene a quien recibe un tesoro tan divino.
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — March 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.