Bartimeo había oído hablar de Jesús y sus milagros, y al enterarse de que pasaba por allí, esperaba recobrar la vista. Al acudir a Cristo en busca de ayuda y sanidad, debemos mirarlo como el Mesías prometido.
Los llamados llenos de gracia que Cristo nos dirige para acercarnos a él alientan nuestra esperanza de que, si venimos a él, obtendremos aquello por lo que venimos.
Quienes deseen acudir a Jesús deben desechar el manto de su propia suficiencia, deben liberarse de todo peso y del pecado que, como vestiduras largas, los asedia con mayor facilidad, Hebreos 12:1.
Él pidió que sus ojos fueran abiertos. Es muy deseable poder ganarse el pan; y donde Dios ha dado a los hombres miembros y sentidos, es una vergüenza que, por necedad y pereza, se hagan a sí mismos, en efecto, ciegos y cojos.
Sus ojos fueron abiertos. Tu fe te ha sanado: fe en Cristo como el Hijo de David, y en su compasión y su poder; no tus palabras repetidas, sino tu fe; Cristo poniendo tu fe en acción.
Exhortemos a los pecadores a imitar al ciego Bartimeo.
Donde se predica el evangelio, o donde se difunden las palabras escritas de la verdad, Jesús está pasando, y esta es la oportunidad. No basta con acudir a Cristo para sanidad espiritual; cuando somos sanados, debemos continuar siguiéndolo, para honrarlo y recibir instrucción de él. Quienes tienen vista espiritual contemplan en Cristo aquella hermosura que los impulsará a correr tras él.
Marcos 11
La entrada triunfal de Cristo en Jerusalén (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Mark 10:46-52
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.