Mañana y noche

Benditos los que marchan los postreros, con sus banderas

El campamento de Dan cerraba la marcha, pero era tan parte del pueblo como las tribus de vanguardia; así también el último lugar en el servicio de Cristo tiene su privilegio.

El campamento de Dan cerraba la marcha cuando los ejércitos de Israel estaban en movimiento. Los danitas ocupaban el último lugar, pero ¿qué importaba la posición, puesto que eran tan verdaderamente parte del pueblo como las tribus de vanguardia? Seguían la misma columna de nube y fuego, comían del mismo maná, bebían de la misma roca espiritual y marchaban hacia la misma herencia. Ven, corazón mío, anímate, aunque seas el último y el menor; es tu privilegio estar en el ejército y compartir lo que comparten quienes encabezan la marcha. Alguien debe ser el último en honor y estima, alguien debe hacer trabajos humildes para Jesús, ¿y por qué no yo? En una aldea pobre, entre campesinos ignorantes, o en una calle apartada, entre pecadores degradados, seguiré trabajando y "marcharé los postreros, con mis banderas."

Los danitas ocupaban un lugar muy útil. En la marcha hay que recoger a los rezagados y hay que juntar del campo lo perdido. Los espíritus fogosos pueden lanzarse por caminos no pisados para aprender verdades nuevas y ganar más almas para Jesús; pero otros de espíritu más conservador pueden emplearse bien recordando a la iglesia su fe antigua y restaurando a sus hijos desfallecientes. Cada posición tiene sus deberes, y los hijos de Dios de marcha lenta hallarán que su estado peculiar es uno en el que pueden ser eminentemente una bendición para todo el pueblo.

La retaguardia es un lugar de peligro. Hay enemigos detrás de nosotros así como delante. Los ataques pueden venir de cualquier dirección. Leemos que Amalec cayó sobre Israel y mató a algunos de los postreros. El cristiano experimentado hallará mucho trabajo para sus armas al ayudar a aquellas pobres almas dudosas, desalentadas y vacilantes que están postreras en fe, conocimiento y gozo. No deben quedar sin ayuda, y por tanto sea asunto de los santos bien instruidos llevar sus banderas entre los postreros. Alma mía, vela tiernamente para ayudar hoy a los postreros.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: July 18 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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