El apóstol buscaba las cosas de Cristo más que su propia voluntad, y no quería dejar su obra de plantar iglesias para ir a Roma. A todos corresponde hacer primero aquello que es más necesario. No debemos tomarlo a mal si nuestros amigos prefieren la obra que agrada a Dios, antes que las visitas y los cumplidos que pueden agradarnos. Se espera con justicia de todos los cristianos que promuevan toda buena obra, y especialmente esa obra bendita: la conversión de las almas. La sociedad cristiana es un cielo en la tierra, una garantía de nuestra reunión con Cristo en el gran día. Sin embargo, es solo parcial comparada con nuestra comunión con Cristo; pues solo esta satisfará al alma. El apóstol iba a Jerusalén como mensajero de la caridad. Dios ama al dador alegre. Todo lo que pasa entre los cristianos debe ser una prueba y una muestra de la unión que tienen en Jesucristo. Los gentiles recibieron el evangelio de salvación de los judíos; por tanto, estaban obligados a ministrarles en lo que necesitaban para el cuerpo. En cuanto a lo que esperaba de ellos, habla con duda; pero en cuanto a lo que esperaba de Dios, habla con confianza. No podemos esperar demasiado poco del hombre, ni demasiado de Dios. ¡Y cuán deleitable y ventajoso es tener el evangelio con la plenitud de sus bendiciones! ¡Qué efectos tan maravillosos y felices produce cuando va acompañado del poder del Espíritu!
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Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Romans 15:22-29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.