Cualquiera sea nuestro estado y condición, si puede decirse de nosotros con verdad lo que el ángel dijo a las mujeres junto al sepulcro: «Yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado», tenemos una garantía divina para creer que «él ha ido delante de nosotros a Galilea; allí le veremos». él ha resucitado; ha ascendido a lo alto, y «recibió dones para los hombres, sí, aun para los rebeldes, para que Jehová Dios habite entre ellos». él está ahora sobre el propiciatorio, e invita y atrae a los pecadores pobres y necesitados a sí mismo. Dice: «Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar». Nos permite, nos invita a derramar nuestro corazón delante de él, a manifestar ante él nuestra angustia, a extender nuestras necesidades a sus pies, como Ezequías extendió la carta en el templo. Si buscamos comunión con él, podemos y debemos decirle cuánto le necesitamos; que sin él no es vida el vivir, y con él no es muerte el morir. Le rogaremos que sane nuestras apostasías; que manifieste su amor y su sangre a nuestra conciencia; que nos muestre la maldad del pecado; que nos bendiga con dolor piadoso por nuestros tropiezos y caídas; que nos guarde del mal para que no nos aflija; que nos guíe a su santa verdad; que nos preserve de todo error; que plante su temor hondo en el corazón; que aplique alguna preciosa promesa a nuestra alma; que esté con nosotros en todos nuestros caminos; que velen sobre nosotros en todas nuestras entradas y salidas; que nos preserve del orgullo, del engaño propio y de la justicia propia; que nos dé nuevas muestras de nuestro interés salvador en su obra acabada; que sojuzgue nuestras iniquidades; que haga y mantenga tierna nuestra conciencia; y obre en nosotros todo lo que es agradable a su vista.
¿Qué es la comunión sino un mutuo dar y recibir, el fluir juntos de dos corazones, el fundirse en uno de dos voluntades, el intercambio de dos amores, manteniendo cada parte su distinta identidad, y siendo cada una para la otra objeto de afecto y deleite? ¿No tenemos, pues, nada que dar a Cristo? Sí: nuestros pecados, nuestros pesares, nuestras cargas, nuestras pruebas, y sobre todo la salvación y santificación de nuestras almas. ¿Y qué tiene él que darnos? ¿Qué? Todo lo que vale la pena tener, todo lo que merece un momento de ansioso pensamiento, todo para el tiempo y la eternidad.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.