La gloria de lo cotidiano

Cada obra, un acto de adoración a Dios

Jenny Lind cantaba para Dios sin atender al público; ese mismo ideal llama a todo cristiano a realizar cada tarea —negocio, arte, escritura o labor del campo— como servicio que el Padre aprueba.

El único y verdadero ideal de toda la vida cristiana

Jenny Lind (conocida como "el Ruiseñor sueco") dijo una vez a otra persona, al explicar el motivo y el espíritu de su maravilloso canto: "¡Canto para Dios!". Quería decir que miraba el rostro de Dios, por así decirlo, y cantaba conscientemente para Él. No cantaba para la inmensa audiencia que pendía de sus palabras y permanecía hechizada por ellas. Apenas era consciente de ningún rostro ante ella, sino del de Dios. No pensaba en ningún oído que escuchara, sino en el de Dios.

Quizá no todos podamos entrar en una relación tan perfecta con Dios como lo hizo esta maravillosa cantante, pero este es el único y verdadero ideal de toda la vida cristiana. Debemos hacer cada obra para Dios.

El hombre de negocios debe hacer todos sus negocios para Dios.

El artista debe pintar su cuadro para Dios.

El escritor debe escribir su libro para Dios.

El agricultor debe cultivar su tierra para Dios.

Esto significa que siempre estamos ocupados en los negocios del Padre, y debemos hacerlo todo de una manera que Él apruebe.

Jesús fue carpintero, y durante muchos años trabajó en el banco de carpintería. Estamos seguros de que hacía cada obra para los ojos de su Padre. La hacía con habilidad, con conciencia, con belleza. No la hacía a medias ni la apresuraba para salir antes del taller.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: the only true ideal of all Christian life

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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