Si no podemos cantar de Jesús y de su amor en la noche de nuestra peregrinación, ¿de qué, entonces, podemos cantar? Como toda música tiene su fundamento y sus principios elementales, también la música del alma creyente. Jesús es la base. Quien no conoce experimentalmente a Jesús nunca ha aprendido a entonar el cántico del Señor. Pero el creyente, cuando contempla a Jesús en su persona, dignidad, gloria y hermosura; cuando lo ve como igual a Dios y como el don del Padre, el gran depósito de toda la plenitud de Dios, puede cantar, en la noche oscura de su consciente pecaminosidad, de un fundamento sobre el cual edificar con seguridad para la eternidad.
Y cuando estudia la obra de Jesús, ¡cuánto material para un cántico se reúne aquí! Cuando contempla a Cristo como «hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención»; cuando ve la sangre expiatoria y la justicia que lo presentan momento a momento delante de Dios, lavado de toda mancha y justificado de todo pecado, ya ahora puede entonar las primeras notas del cántico que se canta con más altas voces arriba: «A aquel que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria y dominio por los siglos de los siglos. Amén». ¡Sí! Jesús es la nota clave, el fundamento del cántico del creyente.
En darte un trono de gracia, Dios te ha dado un cántico, uno de los más dulces jamás entonados en la casa de nuestra peregrinación. Sentir que tenemos un Dios que oye y responde la oración, que lo ha hecho en incontables ocasiones y está dispuesto a darnos audiencia en todo tiempo, ¡oh, la indecible bienaventuranza de esta verdad! Canta aloud, pues, santos afligidos, porque grande y precioso es tu privilegio de comunión con Dios. En cada aflicción, prueba y dificultad, no olvides que aun en tu estado más bajo puedes entonar este cántico: «Teniendo libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús, por camino nuevo y vivo, me acercaré y derramaré mi corazón delante de Dios». Canta, entonces, sus loores mientras pasas, sabiendo que hay un lugar donde puedes exponer cada necesidad, reposar cada pesar, depositar cada carga y perderte en comunión con Dios: el asiento de misericordia rociado con sangre, donde Dios dice: «Allí me encontraré contigo y hablaré contigo».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 24
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.