«Uno semejante al Hijo del Hombre» se apareció a Juan en Patmos, y el amado discípulo notó que llevaba un cinto de oro. Un cinto, porque Jesús nunca estuvo desceñido mientras estuvo en la tierra, sino siempre dispuesto al servicio, y ahora ante el trono eterno no cesa en Su santo ministerio, sino que, como sacerdote, está ceñido con «el cinto fino del efod». Bien es para nosotros que no haya dejado de cumplir Sus oficios de amor hacia nosotros, pues esta es una de nuestras más preciadas seguridades: que Él vive siempre para interceder por nosotros. Jesús nunca es un ocioso; Sus vestiduras nunca están sueltas como si Sus oficios hubieran terminado; Él lleva adelante con diligencia la causa de Su pueblo.
Un cinto de oro, para manifestar la superioridad de Su servicio, la realeza de Su persona, la dignidad de Su estado, la gloria de Su recompensa. Ya no clama desde el polvo, sino que intercede con autoridad, Rey tanto como Sacerdote. Suficientemente segura está nuestra causa en las manos de nuestro entronizado Melquisedec.
Nuestro Señor presenta a todo Su pueblo un ejemplo. Nunca debemos desatar nuestro cinto. Este no es tiempo de recostarse a gusto, sino la temporada de servicio y de guerra. Necesitamos ceñirnos cada vez más firmemente el cinto de la verdad alrededor de los lomos. Es un cinto de oro, y así será nuestro ornamento más precioso, y mucho lo necesitamos, pues un corazón que no esté bien afirmado con la verdad tal como está en Jesús y con la fidelidad obrada por el Espíritu, se enredará fácilmente con las cosas de esta vida y tropezará con los lazos de la tentación. En vano poseemos las Escrituras si no nos las ceñimos como un cinto que rodea toda nuestra naturaleza, mantiene cada parte de nuestro carácter en orden y da compacidad a todo nuestro ser. Si en el cielo Jesús no afloja Su cinto, mucho menos podemos hacerlo nosotros en la tierra. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con el cinto de la verdad.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: December 6 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.