Flores de un jardín puritano

Cipreses altos y hermosos, pero sin fruto

Una advertencia contra los profesantes que mucho hablan y poco hacen, semejantes a cipreses hermosos pero estériles, y que se reconocen por el fruto que dan.

«Hablan, pero no hacen nada. Son como los cipreses, altos y hermosos, pero estériles. Su celo está más en sus lenguas que en sus acciones.»

Esta es una raza numerosa, y nunca tanto como en este tiempo. La persecución es una estación malsana para los falsos profesantes, que prefieren los tiempos prósperos, cuando la piedad es ganancia, y cuando conviene conseguir a Cristo hoy y venderlo mañana.

El ciprés es un emblema excelente de los ejemplares más destacados de esta clase. Son conspicuos, y procuran serlo; al elevarse por encima de sus semejantes, atraen la atención. Pero cuando diriges tus ojos hacia ellos, no puedes descubrir ni una pequeña manzana en ellos, ni ningún otro fruto útil. Ciertamente son de formas agraciadas y estatuales, y cuando has dicho eso, lo has dicho todo.

No valen ni la mitad que los más humildes portadores de fruto, que florecen inadvertidos con un verdor alegre. Ciertos profesantes que conocemos son pulcros, rígidos, ordenados y melancólicos; pero no nos agrada su vecindad, pues no brindan sombra refrescante ni fruto nutritivo, y nos hacen sentir lúgubres en sumo grado.

Señor, déjame ser tan bajo y desapercibido como te plazca, pero capacítame para llevar fruto, para honra de tu nombre y para consuelo de tu pueblo.

«Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Del mismo modo, todo buen árbol da buen fruto, pero el árbol malo da fruto malo. Un buen árbol no puede dar mal fruto, ni un árbol malo dar buen fruto. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. ¡Así que por sus frutos los conoceréis!» Mateo 7:16-20

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: You cannot discover even a tiny apple on them!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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