Existe un estado del ánimo que con frecuencia debilita el ejercicio de la oración, y que nace de la dificultad de formar ideas adecuadas sobre la naturaleza espiritual del objeto divino de nuestra plegaria. La espiritualidad de Dios, debido a la debilidad de nuestra naturaleza, ha sido para algunos una piedra de tropiezo en el acercamiento del alma. «Dios es Espíritu» es un anuncio solemne que se presenta en el mismo umbral, y que sobrecoge y avergüenza la mente hasta el punto de helar toda corriente de pensamiento y de sentimiento, casi aplastando el alma con su idea inconcebible. Y no es de extrañar. La oración es el acercamiento de lo finito a lo Infinito; y aunque sea el comunar del espíritu con el Espíritu, es lo finito comunando con lo Infinito, y eso a través de los órganos de los sentidos. ¿Es de maravillar, entonces, que en ciertos momentos un creyente se sienta desconcertado al intentar formarse alguna idea justa de la existencia divina, y que, al fracasar, se vuelva con tristeza y desaliento?
El remedio para este estado, creemos, está a mano y es sencillamente bíblico. Que podamos ampliar nuestros pensamientos con una idea adecuada de la naturaleza y la apariencia del Espíritu divino es una imposibilidad absoluta. Admitido esto, surge la pregunta: ¿Cómo he de considerar a Dios? ¿Qué idea debo formarme de su existencia al acercarme a Él en oración? Dos cosas son necesarias. Primera, que la mente renuncie a todo intento de comprender el modo de la existencia divina, y concentre sus facultades en la contemplación del carácter de esa existencia. En qué relación está Dios con la criatura, y no de qué modo existe en sí mismo, es el punto que nos atañe. Envuelva la mente en devotas contemplaciones de su santidad, benevolencia, amor, verdad, sabiduría y justicia, y no habrá lugar para imaginaciones vanas respecto del modo insondable de su existencia. La segunda cosa necesaria es que la mente contemple a Dios en Cristo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.