Mientras que el nombre «Padre nuestro» sobre la puerta de la oración nos asegura una acogida llena de amor y de toda ternura, solicitud y cuidado, las palabras «que estás en los cielos» nos recuerdan la gloria y majestad sobresalientes de Dios. No deberíamos disminuir la fuerza de «santificado sea tu nombre». No deberíamos precipitarnos en su presencia como lo hacemos ante un padre terrenal. Debemos recordar su grandeza y santidad infinitas, y acercarnos siempre con reverencia. Suyo es un nombre que debe ser «santificado». «Santo y venerable es su nombre».
De esto nos recuerda esta petición. Detiene el flujo de nuestros pensamientos y sentimientos, y nos invita a acercarnos a Dios con un sentido adecuado de nuestra indignidad y de su santidad. Nos llama a ser reverentes, aunque audaces.
La oración que se encuentra aquí en el Evangelio de Mateo es una oración para la glorificación de Dios en este mundo. Cuando la oramos, debemos asegurarnos de hacer nuestra parte para que su nombre sea santificado. Podemos hacerlo mediante nuestro propio uso reverente de ese santo nombre. Las personas cristianas a veces se vuelven muy descuidadas al hablar de Dios. Se acostumbran tanto a usar su nombre en la oración y en la conversación que lo pronuncian con la misma ligereza que si fuera el nombre de un amigo cercano. He visto a un minero con la mano negra y sucia arrancar una flor pura del tallo, y parecía una profanación. Pero ¿qué diremos de nosotros al llevar a nuestros labios manchados por el pecado el nombre santo y venerable de Dios? Debemos aprender a santificar ese nombre bendito en nuestro hablar.
Luego debemos santificarlo en nuestras vidas. Somos hijos de Dios y llevamos su nombre. ¿Cómo puede un hijo honrar el nombre de un padre? Solo con una vida digna de un padre. Debemos cuidar, por tanto, de que en cada acto nuestro, en nuestra conducta, en todo nuestro carácter e influencia, vivamos de tal manera que todos los que nos vean perciban en nosotros algo de la hermosura de Dios. ¡Sería verdaderamente triste que diéramos a la gente una idea equivocada de Dios, o de la religión de Jesucristo!
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Glorifying God
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.