Consuelo para peregrinos

Cómo la aflicción, santificada, moldea el alma

La aflicción, bajo la mano de Dios, es pincelada de hermosura en el alma. Ablanda el suelo del corazón para que el sembrador celestial haga brotar frutos de paz y justicia.

"Antes de ser afligido, yo andaba extraviado; mas ahora guardo tu palabra." Salmo 119:67

"Bueno para mí fue ser afligido, para así aprender tus estatutos." Salmo 119:71

Mediante la aflicción, el Maestro Artista añade algún nuevo rasgo de hermosura al cuadro que va sacando a la luz en nuestras almas.

Las aflicciones, cuando son santificadas — templan las ambiciones mundanas, queman la escoria del egoísmo, humillan el orgullo, aquietan las pasiones vehementes, revelan el mal de nuestros corazones, manifiestan nuestras debilidades, faltas y manchas, enseñan paciencia y sumisión, disciplinan los espíritus indómitos, y ahondan y enriquecen nuestras gracias.

Las aflicciones, cuando son santificadas — aran el suelo duro y abren surcos largos y profundos en el corazón. El Sembrador celestial sigue tras ellas, y los frutos de justicia brotan. "Ninguna disciplina, al presente, parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados." Hebreos 12:11

La aflicción es un mensajero de Dios — enviado para ministrarnos de la mejor manera. Cuando estamos bajo la mano castigadora de Dios, deberíamos preguntar: ¿Qué querría Dios que este dolor hiciera en mí? ¿Cuál es su misión? ¿Cuál su gran designio? ¿Qué fruto de oro se esconde en su cáscara? ¿Cómo ha de fortalecer mis virtudes, vigorizar mi valor, refrenar mis pasiones, purificar mi amor, y hacerme semejante a Aquel que llevó la cruz de dolor mientras vivió, y que en ella colgó y sangró cuando murió, y que ahora lleva la corona del vencedor en la gloria?

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Afflictions, when sanctified

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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