La misión de todo cristiano es, asimismo, dar testimonio de la Luz. La Biblia dice que el espíritu del hombre es la lámpara del Señor; pero en nuestro estado natural y no regenerado, la lámpara está sin encender. Es capaz de ser encendida; pero hasta que el Espíritu divino la toca con fuego celestial y la hace arder, permanece muerta y oscura.
Cuando la lámpara se enciende, sin embargo, brilla dentro de nosotros y nos hace luz. Así es como damos testimonio de la Luz: ¡es Cristo en nosotros quien resplandece! Nuestra luz no es sino un poco de su luz, que se abre paso a través de nuestras almas apagadas. Todo el que nos ve, contempla en nosotros algunos destellos de la verdadera Luz.
Hay otra manera también en la que podemos dar testimonio de la Luz. No podemos, por nosotros mismos, conducir a nadie al cielo; no podemos salvar a ningún perdido ni dar vida a ningún alma muerta. Pero sí podemos señalar a los perdidos y moribundos a Cristo, que es la gran y verdadera Luz; podemos hablar a otros, en sus experiencias de necesidad y dolor, de la plenitud que hay en Cristo.
Debemos dar este testimonio de Cristo de muchas maneras. Podemos hacerlo con nuestras palabras, contando lo que Él ha hecho por nosotros. Ciertamente hay gran honor para Cristo, y también gran bendición para otros, en un testimonio sencillo a favor de Cristo. Si un médico nos sana, expresamos su alabanza entre todos nuestros amigos. ¿Por qué no habríamos de dar así testimonio de Cristo?
Podemos dar testimonio también con nuestras vidas, mostrando en nosotros mismos lo que Cristo puede hacer por otros que se acerquen a Él. Debemos ser siempre buenos testigos, verdaderos representantes, sin dar jamás una impresión equivocada de nuestro Maestro, ni con la palabra ni con la conducta. Sería verdaderamente triste que alguien, al mirarnos, se formara un pensamiento errado acerca de Cristo. Necesitamos ser sumamente cuidadosos de no representarlo mal de ninguna manera.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Bearing Witness to Christ
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.