8. Los frutos de la elección
No solo Dios nos da estas señales infalibles por las cuales podemos descubrir Su elección, sino que los elegidos hacen firme su propia elección para sí mismos. «Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección» (2 P 1:10). En la mente de Dios, mi llamamiento y elección fueron «firmes» antes de la fundación del mundo; pero en cuanto a mi propia conciencia y seguridad de ellos, debo diligentemente hacerlos firmes para mí mismo. ¿Cómo hacen esto los elegidos?
1. Abandonándose a Cristo «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí» (Jn 6:37). Cuando perdemos toda confianza en la carne; cuando llegamos enteramente al fin de nosotros mismos; cuando reconocemos que en la carne no habita bien alguno; cuando nos hacemos conscientes de que todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia; cuando estamos dispuestos a clamar: «Señor, sálvame, perezco» (véase Mt 8:25); cuando acudimos a Cristo como el único refugio de la ira venidera —entonces damos el primer paso para hacer firme nuestro llamamiento y elección.
2. Mediante una conducta obediente Pedro se dirige a los «extranjeros» como «elegidos según la presciencia de Dios Padre, en santificación del Espíritu, para obedecer» (1 P 1:2). Si estamos andando en contra de los preceptos de Dios, entonces no tenemos razón para considerarnos entre los elegidos de Dios. El Buen Pastor conduce a sus ovejas por «las sendas de justicia» (Sal 23:3), y si nos hallamos en «el camino de los pecadores» (Sal 1:1), entonces no tenemos fundamento para llamarnos sus ovejas. Pero si estamos orando y esforzándonos diariamente por una obediencia más perfecta que la que hasta ahora hemos rendido, entonces estamos haciendo firme nuestro llamamiento y elección. «Porque hechura suya somos, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Ef 2:10).
3. Mediante una santificación progresiva «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (He 12:14). Si estamos creciendo en la gracia y en el conocimiento del Señor (2 P 3:18); si estamos olvidando las cosas que quedan atrás, y extendiéndonos a las que están delante (Fil 3:13); si nos estamos limpiando de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2 Co 7:1) —entonces estamos haciendo firme nuestro propio «llamamiento y elección». «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos» (Ef 1:4).
4. Mediante una perseverancia continua en la fe En esto se distinguen los falsos profesantes de los elegidos de Dios. Hay quienes oyen la Palabra y al instante la reciben con gozo, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que solo duran por un tiempo (Mt 13:20-21). Pero los elegidos de Dios perseveran hasta el fin. «Y seguirán para conocer a Jehová» (Os 6:3). A menudo pueden sentirse abatidos en sí mismos; a veces pueden ser sorprendidos en alguna falta; tienen que confesar que son «siervos inútiles» (Lc 17:10) —pero al fin, cada uno de ellos en alguna medida podrá decir: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Ti 4:7). Perseverando hasta el fin, hacemos firme nuestro llamamiento y elección para nosotros mismos. «Y a los que predestinó… a éstos también glorificó» (Ro 8:30). Hermanos, si estamos entre los escogidos de Dios, demostremos con nuestra conducta diaria que somos en verdad los más escogidos de los hombres. «Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de longanimidad; Sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros, si alguno tuviere queja contra otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros» (Col 3:12-13).
Fuente y atribución
Autor original: Arthur Pink
Título original: La Doctrina de la Elección — 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Arthur Pink, publicado originalmente en Grace Gems.