La vida de Cristo para cada día

Cómo reconocer a los falsos maestros por sus frutos

El Señor nos enseña a discernir a los falsos maestros, que con apariencia piadosa apartan a las almas del camino estrecho, mediante el fruto del Espíritu que adorna al creyente verdadero.

Nuestro Salvador había estado mostrando a sus discípulos la necesidad de caminar por el camino estrecho que conduce al cielo. Sabía que muchos falsos maestros se levantarían señalando un sendero más fácil; y los fariseos, en aquel mismo tiempo, animaban al pueblo, con sus instrucciones y su ejemplo, a andar por el ancho camino que lleva a la perdición.

Ha habido falsos maestros en todas las épocas. Los hubo entre los judíos antiguos. Jeremías y Ezequiel advirtieron al pueblo contra profetas que decían: «Paz, paz», cuando no había paz, y que sanaban «livianamente la herida de la hija de mi pueblo» y «embarraban con mortero sin temprar» (Ez. 13). Por estas comparaciones aprendemos que los falsos profetas animaban al pueblo a permanecer en el pecado. Así hacen hoy los falsos ministros: no enseñan la necesidad de una fe viva ni de un cambio entero de corazón; por eso sus oyentes no son llevados a lavarse en la fuente de la sangre de Cristo, ni a orar para ser verdaderamente convertidos.

Es del todo necesario advertir al pueblo contra tales maestros, porque muchos escuchan sus palabras y siguen sus caminos perniciosos. Estos ministros son comparados a lobos, porque destruyen las almas del pueblo de Dios. Se los describe con vestido de ovejas, porque a menudo hablan con tono religioso y usan el lenguaje de la Escritura. Cristo nos ha dicho cómo hemos de detectar a los falsos maestros cuando van disfrazados con un vellón: por sus frutos. Los frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Estas cualidades celestiales adornan a todo ministro fiel, aunque en unos florezcan más que en otros. El amor reina en el corazón de todo cristiano verdadero y resplandece en sus acciones. Ninguna persona convertida produce tales frutos sino aquella que ha nacido de nuevo; y como ningún árbol bueno puede dar buen fruto, siendo todos árboles malos por naturaleza, roguemos a Dios que por su Espíritu nos haga árboles buenos, para que el celestial Labrador halle buen fruto creciendo en nuestras ramas.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ warns against false prophets

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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