Cuando el Señor Jesús se complace, en alguna hora solemne, en revelarse a nuestra alma, cuando se digna quitar el velo de nuestro corazón para que contemplemos su gloria, la gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, cuando nos favorece con alguna manifestación y descubrimiento de sí mismo como el Hijo de Dios, el resplandor de la gloria del Padre y la imagen misma de su Persona, entonces sabemos que el Hijo de Dios ha venido.
¿Cómo sabes que el sol salió esta mañana? Por la luz que se levantó con él. Así podemos decir, espiritualmente: «¿Cómo sabes que el Hijo de Dios ha venido?» Por el Sol de justicia que nace sobre ti con sanidad en sus alas y la luz resplandeciente que difunde en tu corazón. Así habla el Señor a Sion: «Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti.» Ese es el modo en que se disipa la tiniebla; porque él añade: «Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.» ¿No dijo nuestro bendito Señor: «Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas»? ¿Y no ha prometido: «El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida»? Ahora, como Dios es luz, cuando se complace en resplandecer en el alma, andamos en la luz como él está en la luz, y entonces tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Este es el mejor, el más seguro y el más firme modo de saber que el Hijo de Dios ha venido.
Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido por su presencia; por el poder que ejerce en nuestro favor; por las respuestas que da a la oración; por el modo en que se aparece en horas oscuras y lúgubres, enderezando lo torcido y allanando lo áspero, descubriéndose a nosotros como el Camino, la Verdad y la Vida, mostrándonos que en él hay descanso y paz, felicidad sólida y perdurable, y en ningún otro. Así atrae y fija nuestros ojos en él, donde está sentado a la diestra del Padre en la plenitud de su gracia, gloria y majestad. Así sabemos que el Hijo de Dios ha venido. Cada oración, cada petición, cada suspiro y clamor, cada mirada anhelante que diriges a él, y cada palabra de su gracia, cada dulce promesa, cada destello del Rey en su hermosura que recibes de su plenitud, son todos testimonios de que el Hijo de Dios ha venido, y de que tú sabes que ha venido.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.