El sauce, sabemos, no puede existir sin agua; debe estar junto al arroyo o al río, o se marchita y muere. Toma un sauce joven y plántalo en la cima de un monte o en el desierto arenoso, y pronto se marchita y perece. Pero toma la ramita más desnuda del sauce y plántala junto a un cauce, de modo que el agua la alcance, y pronto echará raíces hacia abajo y lanzará un tallo vigoroso hacia arriba.
Así es con el hijo de gracia: debe vivir junto al río; debe hundir sus raíces en aquel «río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios», y por él ser bañado continuamente, o se marchita y muere. No puede vivir en el mundo, lejos de Jesús, su Palabra, sus ordenanzas, su casa, su pueblo, su presencia, su Espíritu y su gracia, más que un sauce en la cima del monte. No puede vivir entre hombres carnales, cortado de la unión y comunión con su Cabeza grande y gloriosa, más que el sauce puede prosperar en el desierto. Cuán bellamente lo expone el profeta Jeremías: «Bendito el varón que confía en el Señor y cuya esperanza es el Señor; será como árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces junto al río, y no teme cuando viene el calor, sino que su hoja está verde, y en el año de sequía no se angustia ni cesa de dar fruto». Los santos de Dios, pues, crecen como «sauces junto a las corrientes de las aguas». ¡Y cuán perdurable es el sauce! Qué vida en cada rama, y aun cortado bajo, reviviendo «al olor del agua» y lanzando de nuevo sus ramas. ¿No vemos en esto un emblema del hijo de Dios, que, como el sauce, conserva vida y vigor cuando los árboles nobles del bosque son derribados por la tormenta o cortados para leña?
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.