El cuerpo resucitado de Cristo es el tipo al cual los cuerpos resucitados de los santos han de ser conformados, pues «así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial». Esta es aquella imagen gloriosa a la cual todos los santos han de ser conformados. Aunque reteniendo plenamente todas las características esenciales de la humanidad —pues de otro modo dejaría de ser humanidad en conjunción con la Deidad—, tan inefablemente glorioso es este cuerpo resucitado del bendito Señor, a cuya imagen los santos resucitados serán conformados, que en este estado presente no sólo no podemos formarnos concepto alguno de su gloria trascendente, sino ni siquiera de aquel grado inferior de gloria que revestirá los cuerpos de los santos en la resurrección. «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2).
Pero de esto podemos estar seguros: que siempre habrá una distinción esencial e inalcanzable entre la gloria de la humanidad de Cristo y la de ellos. Su humanidad, al estar en unión eterna con su Deidad, deriva de ella una gloria distinta de toda otra, a la cual no puede haber acercamiento ni con la cual puede haber comparación. La gloria de la luna nunca podrá ser la gloria del sol, aunque brille con su luz reflejada. «Él transformará nuestro cuerpo humilde, conformándolo a su cuerpo glorioso»; pero aunque semejante, no será lo mismo. Será la eterna bienaventuranza de los santos verle tal como él es y ser hechos semejantes a él; pero será su gozo sempiterno que él tenga siempre aquella preeminencia de gloria que es derecho de su primogenitura, y adorarla será su suprema delicia. Tener un cuerpo libre de todo pecado, enfermedad y dolor, lleno hasta la mayor capacidad de santidad y felicidad, capaz de verle tal como él es sin morir bajo la visión, y reunido con su compañera antes sufriente y ahora igualmente glorificada, un alma inmortal dilatada a sus más amplios poderes de gozo y bienaventuranza; si esto no es suficiente, ¿qué más puede dar Dios?
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.