Cada creyente comprende que conocer a Dios es la forma más elevada y mejor del conocimiento; y este conocimiento espiritual es una fuente de fortaleza para el cristiano.
El conocimiento fortalece su FE. Los creyentes son presentados constantemente en las Escrituras como personas iluminadas y enseñadas por el Señor. Se dice de ellos que "tienen unción del Santo," y es el oficio peculiar del Espíritu guiarlos a toda la verdad, y todo esto para el aumento y el fomento de su fe.
El conocimiento fortalece el AMOR, así como la fe. El conocimiento abre la puerta, ¡y entonces a través de esa puerta vemos a nuestro Salvador! O, para usar otra semejanza, el conocimiento pinta el retrato de Jesús, y cuando vemos ese retrato, entonces le amamos. No podemos amar a un Cristo a quien no conocemos, al menos en algún grado. Si conocemos poco de las excelencias de Jesús, de lo que Él ha hecho por nosotros y de lo que está haciendo ahora, no podemos amarle mucho. ¡Cuanto más le conozcamos, más le amaremos!
El conocimiento también fortalece la ESPERANZA. ¿Cómo podemos esperar una cosa si no conocemos su existencia? La esperanza puede ser el telescopio, pero hasta que recibamos instrucción, nuestra ignorancia se interpone frente al lente, y no podemos ver absolutamente nada; el conocimiento retira el objeto que se interpone, y cuando miramos a través del telescopio, discernimos la gloria que ha de revelarse y la anticipamos con gozosa confianza.
El conocimiento nos suministra razones para la PACIENCIA. ¿Cómo habremos de tener paciencia si no conocemos algo de la simpatía de Cristo y no entendemos el bien que ha de salir de la corrección que nuestro Padre celestial nos envía?
No hay una sola gracia del cristiano que, bajo Dios, no sea fomentada y llevada a la perfección por el santo conocimiento. ¡Cuán importante es, pues, que crezcamos no solo en gracia, sino en el "conocimiento" de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 4 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.