Así cuando Esteban murió, su alma fue a Cristo.
Es verdad que cuando un hijo de Dios muere, ¿el alma se va a dormir? ¿Cómo es eso? El alma se va a dormir en sentido escritural, es decir, se va a descansar al seno de Abraham (oh, sueño bendito); se va a descansar en los abrazos de Dios, se va a los brazos de su Redentor, se va al paraíso celestial, se va a estar siempre presente con el Señor.
Pero guardaos de aquella perversa opinión que dice que el alma duerme en una extraña clase de letargo, ni muerta ni viva, incapaz tanto de gozo como de dolor, hasta la resurrección. Aunque el cuerpo de Esteban se durmió, su alma no se durmió, sino que fue inmediatamente a Jesucristo en el cielo.
Con esto he dado la EXPLICACIÓN de las palabras.
Ahora dadme permiso para hacer alguna APLICACIÓN de todo esto a nosotros mismos.
Uso 1. Si la muerte de los hijos de Dios no es otra cosa que un dormir, que esto nos consuele ante la muerte de nuestros amigos piadosos, aunque mueran muertes antinaturales y violentas, aunque sean apedreados, aunque sean quemados hasta reducirse a cenizas, aunque sean aserrados por la mitad, etc.
Aquí hay un mensaje de rica consolación que, como ministro de Cristo, os ofrezco hoy: que la muerte de un hijo de Dios, sea del modo que fuere, no es otra cosa que un dormir; va a su sepulcro como a su cama; y por eso nuestros lugares de entierro son llamados nuestras casas de descanso. Un hijo de Dios, cuando muere, se acuesta en paz y entra en su reposo.
Así como un hombre, cuando está dormido, está libre de todos los cuidados y afanes que padece durante el día, así el pueblo de Dios, cuando se ha dormido, está libre de todas las miserias y calamidades, cruces, pérdidas y aflicciones que nos aquejan. Por tanto os digo, como Cristo dijo a las mujeres que le seguían hacia la Cruz, lamentándose y llorando por él: "Oh hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras y por vuestros hijos." Así digo yo: "Oh, no lloréis por los que han muerto en el Señor, por los que se han dormido en Jesucristo. Ellos están en su reposo, no conocen las aflicciones que nosotros padecemos. No se dan cuenta de nuestras miserias y tribulaciones. Lloremos más bien por nosotros, y por las desgracias que vienen sobre nosotros. Sepamos que cuando los hijos de Dios mueren, sólo se acuestan en sus camas hasta la mañana de la resurrección, y entonces se vestirán con la vestidura de la inmortalidad, ¡y sus cuerpos serán hechos semejantes al cuerpo glorioso de Jesucristo!"
Y sabed una cosa más, que lo es todo, a saber: que cuando el cuerpo de un hijo de Dios se duerme, su alma va de inmediato a los brazos de Cristo, y allí vive para siempre en los abrazos de Jesucristo. Aunque el cuerpo se duerma, el alma es recibida en el seno de Abraham. Os ruego que os consoléis unos a otros con estas palabras.
Uso 2. Permítaseme rogar al pueblo de Dios que mire la muerte, no como se nos presenta en el espejo de la naturaleza, sino como está descrita con el ropaje de la Escritura. La naturaleza presenta la muerte de manera muy terrible, y es verdad que la muerte es muy terrible para un hombre fuera de Cristo. Pero para vosotros, los que estáis en Cristo, el aguijón de la muerte ha sido quitado, y la muerte no es otra cosa sino un sueño tranquilo y apacible, el despojarse de nuestros vestidos y el irse a la cama hasta despertar en la mañana de la resurrección.
La muerte para un hijo de Dios no es otra cosa sino el despojarse de su tabernáculo terrenal.
Fuente y atribución
Autor original: Edmund Calamy
Título original: A Funeral Sermon for Christopher Love — parte 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edmund Calamy, publicado originalmente en Grace Gems.