Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Consuelo de Cristo en medio del dolor más profundo

Cristo ama consolar al afligido y transforma el luto en gozo porque en Él mismo habita el consuelo capaz de aquietar el corazón atribulado y traer la mañana gloriosa.

Jesús siempre ama consolar. Le gusta poner pequeñas velas en las cámaras oscuras del dolor. Le gusta enjugar las lágrimas y transformar el pesar en gozo. Además, Él puede dar consuelo, porque posee en sí mismo ese consuelo. No podemos dar lo que no tenemos para dar. A menudo nos decimos unos a otros en medio de la prueba: «¡No te preocupes! ¡No te aflijas!», cuando no tenemos ningún consuelo que ofrecer, nada que cure la inquietud o ilumine la oscuridad. De pie sobre la barca, en medio de un mar agitado, Jesús dijo: «¡Paz! ¡Quietos!», y los vientos y las olas se calmaron al instante. Él tenía la paz en sí mismo, y podía dar paz al mar. Lo mismo ocurre con su consuelo: sus palabras de consolación no son como tantas de las nuestras; tienen poder para aquietar el corazón turbado.

Era un tiempo del más profundo dolor y de la más amarga pena para los discípulos cuando Jesús dijo esto. No solo iban a perder a su mejor Amigo, sino que iban a perderlo de la manera más triste: mediante la vergonzosa muerte de crucifixión. Y no era ese todo su dolor. Habían esperado que Él fuera el Mesías; ahora esa esperanza se había esfumado. Estaban en absoluta desolación, en una medianoche sin estrellas. Sin duda no podía existir consuelo alguno para un dolor como el suyo —pensaron esa noche, mientras con el corazón destrozado permanecían sentados allí en la oscuridad.

Sin embargo, justo en medio de esa desesperación llegó la frase: «No se turbe vuestro corazón». No digamos jamás, por tanto, que haya algún dolor, aun el más amargo, para el cual no exista consuelo posible. No importa cuán oscura sea la noche, Cristo puede poner estrellas en nuestro cielo y traer una mañana gloriosa tras las tinieblas.

Hay consuelo para los discípulos de Cristo aun en el dolor más desesperado. Basta con mirar unos días adelante para ver la tristeza de aquellos hombres convertida en gozo bendito. Así es siempre. Por mucho que aflijamos, nunca hay razón para que perdamos nuestra paz.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Comfort in Sorrow

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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