El Señor compara aquí a su Iglesia sufriente con un barco en alta mar, trabajando en una tempestad, arrojado fuera de su rumbo por vientos contrarios y dudoso de si llegará al puerto, como le ocurrió a Pablo en el Adriático; según el himno, "medio naufragado por la tempestad".
¡Qué cuadro de un alma sacudida por la tempestad! Sol y estrellas oscurecidos, brújula perdida, carta inútil, piloto ausente y rompientes por delante. Muchos, muchísimos de la familia amada del Señor están así "sacudidos con tempestad": unos con tempestad de dudas y temores; otros de concupiscencia y corrupciones; unos de rebelión y descontento; otros de culpa y abatimiento, o de sombríos presentimientos. Así son arrojados de su rumbo, su sol y estrellas oscurecidos, sin evidencias claras ni manifestaciones luminosas; tinieblas arriba y mar embravecido debajo; sin puerto a la vista y casi perdida la esperanza de llegar al refugio deseado. Pero se dice además de Sion que está "sin consuelo"; es decir, sin consuelo de ninguna otra fuente ni capaz de consuelo sino de Dios. Yo veo en esto una marca muy decisiva de la obra de gracia en el alma. Cuando uno está tan afligido en sus sentimientos, tan abatido en su mente y tan turbado en su conciencia que sólo Dios puede consolarlo, estamos pisando las huellas del Espíritu. No hallamos hipócritas en este terreno: los falsos profesantes se consuelan con facilidad, roban lo que Dios no da y se apropian lo que él no aplica. Pero la marca especial de Sion es que está "sin consuelo", que sus heridas son demasiado hondas para bálsamos humanos y su enfermedad demasiado grave para medicinas de criatura. Dios ha guardado su consuelo en sus propias manos; sólo de sus labios puede hablarse consolación a su alma.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.