Es una buena obra sostener y ayudar a un buen ministro en medio de sus dificultades. La naturaleza de la verdadera simpatía cristiana no consiste solo en sentir preocupación por nuestros amigos en sus aflicciones, sino en hacer cuanto podamos para ayudarlos. El apóstol estuvo a menudo en prisiones, encarcelamientos y necesidades; pero en todo aprendió a estar contento, a someter su mente a su condición y a sacar lo mejor de ella. El orgullo, la incredulidad, el vano anhelo de algo que no tenemos y el inconstante desprecio de las cosas presentes hacen a los hombres descontentados aun en circunstancias favorables. Oremos por una sumisión paciente y por esperanza cuando somos humillados; por humildad y una mente celestial cuando somos enaltecidos. Es una gracia especial tener siempre un ánimo ecuánime. Y en un estado bajo, no perder nuestro consuelo en Dios, ni desconfiar de su providencia, ni tomar ningún camino equivocado para nuestro propio sustento. En una condición próspera, no ser soberbios, ni seguros de sí mismos, ni mundanos. Esta es una lección más difícil que la otra; pues las tentaciones de la abundancia y la prosperidad son mayores que las de la aflicción y la necesidad. El apóstol no tenía intención de inducirlos a dar más, sino de alentar una bondad que obtendrá una gloriosa recompensa en lo venidero. Por Cristo tenemos gracia para hacer el bien, y por Él debemos esperar la recompensa; y como todo lo tenemos por Él, hagamos todo para Él y para su gloria.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Philippians 4:10-19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.