Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Convierte las flechas que te hieren en oración

Cuando los arqueros nos hieren, no hemos de devolver flecha por flecha, sino tomar las heridas y convertirlas en peticiones que se elevan al trono de Dios, hallando fortaleza en la mano del Fuerte de Jacob.

Uno habría pensado que José, siendo una rama fructífera, podría haber mirado con complacencia, casi con santa indiferencia, a los arqueros que le disparaban; pero no fue así: "lo afligieron con severidad." Ser vendido por sus propios hermanos a Egipto; que los sueños y visiones que Dios le había dado fueran escarnecidos; ser echado en la cárcel como un impío por causa de aquella que lo tentaba a la impiedad, y allí ser olvidado y abandonado: ¡cómo habían clavado esos arqueros sus flechas en su pecho y lo habían afligido con severidad! Fue porque tenía el temor de Dios, porque sus sentimientos eran tiernos, que las flechas hallaron lugar. De haber tenido un pecho de acero, un corazón de piedra, las flechas habrían rebotado despuntadas e inútiles; pero como tenía sentimientos tiernos, una conciencia viva, afectos cálidos, temor piadoso y una obra de gracia sobre su alma, presentaba un punto tierno donde esas flechas pudieron clavarse.

Pero, ¿demostraron ellas su destrucción? ¿Alguien drenó su sangre vital? ¿Se hundió y murió como un ciervo herido? No; "pero su arco se mantuvo firme, y sus brazos fuertes se mantuvieron ágiles, por la mano del Fuerte de Jacob, por el nombre del Pastor, la Roca de Israel." Él tenía, pues, un arco; también sabía disparar. ¿Y cuál era su arco? ¿Cómo dirigía la flecha? Recogía las flechas que le disparaban, o más bien las sacaba de su propio pecho herido; y en vez de lanzarlas contra quienes lo habían afligido tanto, disparaba hacia arriba; lanzaba sus flechas hacia el trono de la Majestad en las alturas; convertía sus amargos dardos en oraciones, súplicas y peticiones.

Así, las mismas flechas que le dispararon él las tornó en peticiones con las cuales acercarse al trono de Dios. Tensó su arco hasta el cielo de los cielos; y eso es lo que tú debes hacer. Nunca devuelvas mal por mal, ni injuria por injuria. Cuando los arqueros te disparen, no les dispares de vuelta. Toma tus flechas y llévalas al trono; presenta tus sentimientos heridos tal como están, tus gemidos y suspiros, junto con tus cálidas peticiones, y ponlos delante de Dios, que oye y responde la oración; y hallarás el beneficio y la bendición de ello. El mundo te vencerá en el tiro si le disparas a él. Puede usar un lenguaje que tú no puedes. Así que nunca dispares flecha contra flecha con aquellos arqueros que te afligen con severidad. Tienes una conciencia tierna; tienes el temor de Dios; pesas tus palabras. Cesa de esa guerra; no devuelvas ni una flecha, deja que disparen lo suyo, toma sus flechas, dirige tu arco hacia arriba, conviértelas todas en oraciones y súplicas, y a su tiempo vendrán dulces respuestas de misericordia y paz a tu pecho.

Así el arco de José "se mantuvo en fuerza," y ninguna de sus flechas le arrebató el arco de la mano ni lo quebró. Él sabía disparar tanto como ellos, pero no del mismo modo ni al mismo blanco. Vemos, pues, la fecundidad de José; vemos su origen; vemos las persecuciones con que su alma fue afligida; y vemos la victoria final que obtuvo. Que Dios, en su infinita misericordia, conduzca nuestras almas por la misma senda bendita, aplique su verdad a nuestros corazones, para que nuestro arco permanezca en fuerza y los brazos de nuestras manos sean fortalecidos por las manos del poderoso Dios de Jacob.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 16

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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