Nadie puede correr esta carrera sino los santos de Dios, porque el terreno mismo es santo, del cual leemos que "no se hallará en él ninguna bestia inmunda." Solo los redimidos andan allí; y ninguno ha ganado jamás el premio sino los que han corrido esta carrera celestial, como redimidos por sangre preciosa.
Apenas vemos por la fe la carrera puesta delante de nosotros, comenzamos a correr; y, como el Cristiano del "Progreso del Peregrino", huimos de la Ciudad de Destrucción, con nuestros pasos alados por el temor y la aprensión. Todo esto, sobre todo al comienzo, implica energía, movimiento, actividad, avanzar; correr, por decirlo así, por nuestra vida; escapar, como Lot, al monte; huir, como habla el profeta, "como huiste del terremoto en los días de Uzías" (Zac. 14:5); o como el homicida huía a la ciudad de refugio del vengador de sangre.
Así como el corredor extiende manos, pies y cabeza, atento solo a ser el primero en llegar a la meta, así en la carrera espiritual hay un extenderse de las facultades del alma renacida para ganar el premio celestial. Hay un extenderse del entendimiento espiritual para poseer vistas claras de la verdad celestial. Hay un extenderse de los deseos del corazón para experimentar el amor de Dios, sentir aceptación con él por la sangre de rociamiento, conocer por nosotros mismos el camino de salvación y tener evidencias claras de que nuestros pies están en él, recibir señales de bien y manifestaciones del amor perdonador de Dios, andar en su temor, vivir para su alabanza y gozar de unión y comunión con el bendito Señor. Y hay un extenderse de los afectos del corazón tras Jesús y la verdad tal como está en Jesús, con muchos anhelos, suspiros, clamores fervientes y luchas encarnizadas ante el trono de la gracia, para que conozcamos la verdad y por la verdad seamos santificados y libertados. De modo que cuando miras la palabra "carrera" como emblema del sendero del cristiano, ves que no se intenta ningún movimiento del cuerpo, lo que el apóstol llama "ejercicio corporal", sino un movimiento interior del alma, o más bien de la gracia que Dios ha depositado en tu seno, a la cual son comunicadas facultades espirituales, por las cuales avanza en los caminos de Dios bajo las influencias del bendito Espíritu.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.