Cada ferviente deseo de tu alma tras el Señor Jesucristo; cada movimiento interior de fe, esperanza y amor hacia su bendito nombre; cada sentido de tu miseria y peligro como pobre pecador culpable, perdido y condenado, por el cual huyes de la ira venidera; cada salida del mundo y del pecado por tu propia vida, con cada respirar de tu corazón en el seno de Dios pidiéndole misericordia y bendición, todos estos actos interiores del corazón creyente en su esfuerzo tras la salvación como realidad sentida y disfrutada, como el premio de nuestro sublime llamamiento, están señalados por la figura de "correr la carrera que tenemos por delante."
El cristiano ve y siente que hay un premio que obtener, que es la vida eterna; una victoria que ganar, que es la victoria sobre la muerte y el infierno; y ve las ciertas consecuencias si este premio no se obtiene, si esta victoria no se gana: una eternidad de miseria. Ve, pues, piensen o digan lo que quieran los demás, que él ha de correr si todos los demás se quedan quietos, ha de pelear si todos los demás son vencidos. Pero para hacer esto o cualquier parte de ello, un hombre ha de tener la vida de Dios en su alma. Comenzar a correr es obra de la gracia y el poder divinos; para seguir ha de recibir suministros continuos comunicados de la plenitud de una Cabeza del pacto; y para ser capacitado a perseverar hasta el fin y ganar el premio, ha de tener la fortaleza de Cristo hecha perfecta continuamente en su debilidad. Mas él gana; es hecho más que vencedor por medio de aquel que le amó. Jesús ha comprometido que no será derrotado; pues la carrera no es de los veloces ni la batalla de los fuertes; sino que los cojos toman la presa; y no por fuerza ni por poder, sino por mi Espíritu, dice Jehová de los ejércitos.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: October 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.