Corrientes en el desierto
Fue algo nuevo en el mundo cuando Pablo dijo: "Con mucho gusto, más bien, me gloriaré en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." Pero ya no es cosa nueva. Desde que Pablo escribió estas palabras, ha sido el mérito peculiar del Evangelio de Jesús el acrecentar fuerzas a quienes no tienen ninguna. Las personas fuertes, en días de alegría, cuando el ánimo aún no está quebrantado, pueden vivir interiormente por la fe en el Hijo de Dios — pero es difícil percibirlo. Otros hombres parecen igual de fuertes y no tienen fe alguna. Es cuando el cuerpo está débil y dolorido, o cuando todos los consuelos propios se hunden en la amargura de un gran dolor, cuando el poder de Cristo se hace visible — sí, claramente visible — sosteniendo donde de otro modo el pobre se hundiría, y dando una fortaleza y un ánimo que no son menos que sobrenaturales.
Los lugares de sufrimiento; las habitaciones de los enfermos donde los inválidos languidecen; las largas y fatigosas temporadas nocturnas de dolor; los tiempos en que la muerte y el temor a ella oscurecen nuestro umbral — estos son los tiempos y lugares que hacen precioso el nombre de Jesús, y prueban el valor de su gracia. Pero, por mucho que hayamos visto o escuchado contar de este bendito "poder de Cristo," y de cómo "reposa" sobre su pueblo afligido hasta que crece fuerte — sin embargo, siempre que lo vemos de nuevo, no podemos menos que maravillarnos. Pues hay algo tan admirable en que la carne débil salga victoriosa sobre la tribulación, que se regocije en ella, la venza y se eleve al Cielo a través de todo ello — algo tan superior al poder de la naturaleza humana, que sentimos su presencia muy cerca y muy gloriosa.
Él nos ha dicho que habita en sus propios santos como en un templo, y seguramente debe ser verdad; pues cuando el cuerpo del santo se quebranta y se desmorona — ¿no vemos su gloria resplandecer a través de manera solemne y hermosa, hasta que aun un espectador muy descuidado ha de decir: "¡Cuán temible es este lugar! ¡No es otra cosa sino casa de Dios!"?
Esto es lo que hace mucho mejor ir a una casa cristiana de aflicción — que a la más alegre casa de banquete. Esto es lo que da tal encanto al pequeño libro que hemos nombrado más abajo. Todo él trata de aflicción y de enfermedad; nunca sale del aposento del enfermo, sino que va de lecho de muerte en lecho de muerte de principio a fin; y, sin embargo, está rebosante de santa, desbordante y tierna alegría. Pues habla del "poder de Cristo," y abre tantos manantiales de consuelo en su simpatía, su presencia, sus promesas, su hogar celestial — que verdaderamente hace que el desierto de la tribulación corra con ríos de refrigerio. "No tuvieron sed," estos afligidos seguidores de Jesús, "cuando los condujo por los desiertos, porque hizo brotar aguas de la roca para ellos; ¡también partió la roca, y las aguas fluyeron!"
Fuente y atribución
Autor original: Manton Eastburn
Título original: Streams in the Desert
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Manton Eastburn, publicado originalmente en Grace Gems.