Después que el Señor, mediante su obra especial en la conciencia, nos ha llamado al arrepentimiento y a la confesión del pecado, así como a la fe en Jesús; después de habernos llamado al dolor piadoso, a vivir según los preceptos del evangelio y a andar en las ordenanzas de su iglesia, entonces nos llama a padecer por y con Cristo. Pero no podemos «padecer conforme a la voluntad de Dios», es decir, en sentido evangélico y por motivos evangélicos, hasta que el Señor nos capacite en alguna medida para mirar a Él. El mismo Espíritu que llama al creyente a andar por una senda de sufrimiento, le fortalece y le capacita para hacerlo.
Para padecer rectamente, debemos seguir los pasos del gran Capitán de nuestra salvación, quien, «aunque era Hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció». El Padre, en este sentido, no escatimó a su Hijo unigénito, sino que lo condujo por el camino de la tribulación. Si el Señor de la casa tuvo que transitar por este sendero oscuro y sombrío de sufrimiento, ¿podrán escapar sus discípulos? Si el Capitán de nuestra salvación fue «varón de dolores y experimentado en quebranto», ¿no habrán de ser bautizados los soldados comunes que ocupan las filas del ejército espiritual en los mismos sufrimientos, y gustar en su medida de aquella copa que Él bebió hasta las heces?
Así, todo hijo de Dios es llamado, tarde o temprano, a «padecer con Cristo»; y el que no padece con Cristo, no reinará con Él. Pero el Señor, que ve lo que somos y lo que necesitamos, reparte el sufrimiento según nuestros diversos estados y necesidades. Y por distinto que sea el padecer, todos han de pasar por el horno, pues el Señor hace «pasar a la tercera parte por el fuego». Todos han de caminar por las huellas de un Jesús abnegado y crucificado; todos han de sentir dolorosamente lo que es estar a veces bajo la vara, y experimentar aquellos castigos de Dios mediante los cuales se demuestra que son hijos y no ilegítimos.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.