La vida de Cristo para cada día

Cristo declara que él y el Padre son uno

En la fiesta de la Dedicación Cristo afirma que sus ovejas jamás perecerán, porque nadie las arrebatará de su mano, y él y el Padre son uno solo pastor.

La fiesta de la Dedicación no era una de las tres fiestas ordenadas por Dios, sino una instituida por los hombres para conmemorar la purificación del templo después de que Antíoco Epífanes, un rey pagano, lo profanara con ídolos. Esta fiesta, sin embargo, fue observada por Jesús; de ello podemos concluir que él no reprueba apartar días para el recuerdo de misericordias especiales.

Como era invierno, el Señor enseñaba en una parte del atrio del templo cubierta y resguardada del clima. Sus enemigos se acercaron, fingiendo desear conocer la verdad: «Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente». Jesús, empero, conocía su designio malicioso. Sabía que buscaban acusarle de blasfemia ante el Sanedrín. La respuesta que dio no fue la que esperaban, pues primero les dijo no quién era él, sino qué eran ellos. Dijo: «Vosotros no sois de mis ovejas». No les dijo claramente que eran los ladrones, los extraños y los asalariados descritos en la parábola; pero sí les dijo claramente que no eran las ovejas.

Cristo conoce a sus propias ovejas; el mundo no puede distinguirlas de los lobos vestidos de ovejas, pero basta con que su pastor sepa que le pertenecen. Por muy disperso que esté el rebaño, ni una de ellas se perderá jamás. Jesús sabía que se harían grandes esfuerzos por robarlas, matarlas y destruirlas, pero que todos esos esfuerzos serían vanos. Prometió: «No perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano». Los fariseos habían intentado arrancar al pobre ciego de nacimiento de la mano de su pastor; a argumentos y amenazas añadieron insultos y agravios; pero él se negó a oír su voz o a seguirles.

¿Pertenecemos al pequeño rebaño? Entonces Satanás procurará arrancarnos de la mano del Salvador. No sabemos de qué manera buscará separarnos de nuestro pastor, pues Satanás tiene muchos ardides. En las historias de los santos registradas en la palabra de Dios hallamos ejemplos de sus tentaciones. Satanás intentó inducir a Job a abandonar a su pastor mediante aflicciones severas; procuró apartar a Pedro por el temor al hombre, y atraer a Moisés con las riquezas de Egipto; pero nunca logró arrancar ni una oveja de las manos del pastor, y nunca lo hará. En la última oración que Jesús ofreció en presencia de sus discípulos, dijo de ellos: «Los que me diste, los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición». Judas no era una de las ovejas de Cristo; si lo hubiera sido, no habría podido ser destruido por el poder de Satanás. ¿Y por qué ni hombre ni ángel pueden destruir a una de las ovejas? Porque su pastor es Dios. Jesús es el pastor, y el Padre es el pastor, y sin embargo hay un solo pastor; pues Jesús dijo: «Yo y el Padre uno somos». El pastor que dio su vida por las ovejas es aquel a quien Israel adoraba antiguamente, diciendo: «Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado». El glorioso Creador es aquel pastor tierno que lleva los corderos en sus brazos y los recoge en su seno.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ declares that he and his Father are one

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura