¡Justo lo que es mejor para ti!
Recuerda que entre tus pensamientos principales acerca del Señor Jesús, este debe ocupar siempre un lugar destacado: que Él está siempre mirándote desde lo alto y observándote con el más tierno amor, y ordenando todas las cosas para tu bien eterno.
A veces es medicina espiritual; otras veces es alimento espiritual—pero en todo tiempo es bien espiritual y justo lo que es mejor para ti. Él ve y sabe, más que nadie, lo que más te conviene en cada circunstancia de cada momento. Así, siempre que pienses en Él, piensa en Él como quien así te mira desde lo alto y siempre cuida de ti.
A menudo el Señor, en Su disciplina de amor, no solo retiene aquello que el corazón anhela, sino que da lo que el corazón naturalmente rehúye. Si esto no se recibe pacientemente de Sus manos, la disciplina no aprovecha, y el Señor tiene que comenzar la disciplina de nuevo, y a veces una y otra vez, pero todo por amor—para que el creyente al fin se lo deje a Él: dar, quitar o retener, según le plazca.
Para gozar de descanso en el Señor Jesús en cada providencia, por más difícil que sea—cada providencia difícil debería interpretarse en estricta conformidad con Su amor de pacto y fidelidad. Para el creyente, Él es todo amor. Sus providencias nunca contradicen esto—por más desagradables, indeseables o decepcionantes que sean.
El Señor Jesús, por medio de la aflicción, llama a Su pueblo a acercarse aún más a Él en el compañerismo diario, en comunión secreta y personal, para que, habiendo llegado a ser la necesidad aún más profunda de sus almas, llegue a ser aún más su plenitud de vida, y paz, y gozo.
Con los creyentes que a menudo se hallan en mucha aflicción, la pregunta no debería ser: «¿Por qué soy así afligido por Él más que muchos que parecen estar siempre sanos?» Sino más bien: «¿Por qué soy tan amado por Él más que muchos; yo que no merezco este amor más que ellos!»
El Señor Jesús quiere que el creyente mire a Él como su todo—tanto en la providencia como en la gracia, en lo temporal y en lo espiritual.
La aflicción, el dolor y la prueba no son cosas malas. ¡Nada es malo sino el pecado!
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Moor
Título original: Pithy gems from Thomas Moor — 9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Moor, publicado originalmente en Grace Gems.