La vida de Cristo para cada día

Cristo duerme en la tormenta y la calma al despertar

Los discípulos temieron perecer mientras Cristo dormía, pero la tormenta era la ocasión para revelar su poder y amor. Las dificultades no significan que vayamos por mal camino; nuestro Salvador cuida de nosotros.

Fue de esta manera como el Señor Jesús terminó un día de gran labor. Sus amigos, en medio de la jornada, le habían pedido que desistiera, pero al ver las multitudes reunidas para oír la palabra, continuó enseñando. Para ser visto y oído más cómodamente, se trasladó a una barca. La parábola del sembrador, y muchas otras, fueron pronunciadas por Jesús mientras estaba sentado en una barca sobre el lago de Genesaret. Después tuvo una conversación privada en la casa con sus discípulos, cuando les explicó sus parábolas. Al atardecer cruzó el lago en una barca.

Sin duda Él conocía la tormenta que se acercaba, aunque parece que nadie más observó señales de ella, pues muchas pequeñas embarcaciones lo acompañaban en su travesía. Pero no se detuvo por saber de la tormenta venidera, pues se proponía enseñar a sus discípulos una lección importante mediante ella.

Ellos conocían poco el poder de su Maestro, y aún menos su amor. La tormenta no debería haberlos alarmado, porque estaban con Él. Dios se propuso alarmar a Jonás con la tormenta que se levantó camino de Tarsis, porque el profeta huía de su presencia. No debemos suponer, por el solo hecho de que surjan dificultades y problemas, que estamos obrando mal. Antes de dar cualquier paso importante en la vida, debemos examinar la palabra de Dios con oración y pedir a personas piadosas que nos ayuden a descubrir en las Escrituras si es un paso correcto; y si estamos seguros de que lo es, ninguna dificultad en el camino debería alarmarnos. Los cristianos han observado que han encontrado más obstáculos al emprender aquellas obras que al fin han sido más ricamente bendecidas. Un barco cargado de misioneros fue capturado por el enemigo. ¿Era esa calamidad señal de que Dios desaprobara el santo propósito de sus siervos? De ningún modo. Los que caminan en los mandamientos del Señor pueden caminar sin temor y decir en medio de las pruebas: "Nada de esto me conmueve."

Nuestro Salvador se disgustó con la conducta de los discípulos en esta tormenta. Se disgustó por su falta de fe. Dudaron de su amor y dijeron: "¿No te importa que perezcamos?" Como Él dormía, pensaron que era indiferente a su angustia. Estos son los pensamientos que con demasiada frecuencia surgen en nuestra mente. Conscientes de que somos propensos a olvidar al Señor, tememos que Él nos haya olvidado, pues atribuimos naturalmente a otros los sentimientos que nosotros mismos experimentamos. Pues bien, sus misericordias libertadoras están destinadas a apartar estos pensamientos incrédulos y convencernos de su poder y amor sobremanera. Para ello lleva a sus hijos a estrechuras y al borde mismo de la ruina, a fin de aparecer en su rescate en el último momento y obligarlos así a creer en su tierna paternidad.

Este es el sentido del apóstol en Romanos 5:3-5: dice que se gloría en las tribulaciones. ¿Por qué? Porque producen paciencia, y la paciencia, experiencia. ¿Experiencia de qué? Del poder y el amor de Dios. Y la experiencia produce esperanza. Las liberaciones de Dios se proponen fortalecer nuestra esperanza en su misericordia y convencernos de que jamás nos abandonará. ¿Y será defraudada esta esperanza? ¡No! Esta esperanza no avergüenza; jamás resultará vana.

El apaciguamiento de la tormenta en el lago de Genesaret está calculado para llevar nuestros pensamientos a otra escena, y recordarnos aquella tormenta de la ira de Dios contra nuestros pecados que Jesús apaciguó, no con su palabra, sino con el sacrificio de sí mismo. Si somos capacitados para confiar en Él como nuestro Salvador del infierno, no necesitamos temer ninguna tormenta que pueda sobrevenir. Nunca digamos, ni aun pensemos: "¿No te importa que perezcamos?" Es pecado abrigar semejante pensamiento de Aquel que soportó la cruz para que no perezcamos para siempre jamás. Él cuida de nosotros más que nosotros mismos; cuenta los cabellos de nuestra cabeza y nos vela con amor incesante e incansable.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: to end. Christ sleeps in the storm and awakes to still it

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura