Necesidades suplidas por Dios

Cristo el hermano mayor que nunca nos abandona

Cristo no solo es Señor, sino hermano mayor de los redimidos, hecho carne como nosotros, afinado en la escuela del sufrimiento y siempre cercano para socorrer al alma que padece adversidad.

¡Preciosa porción esta, Cristo nuestro hermano! Si nuestra religión lleva este sello divino de realidad, el hacer la voluntad de Dios, entonces no solo todos los santos son nuestros hermanos, sino que todos son hermanos de Cristo, ocupando Él el lugar de hermano mayor, «el primogénito entre muchos hermanos». El hermano mayor, bajo la ley, estaba revestido de privilegios peculiares y grandes: a él pertenecía la primogenitura, tenía derecho a una porción doble del patrimonio y, lo que era de gran importancia, era el sacerdote de la familia. Todo esto, y mucho más, es Jesús nuestro hermano mayor. A Él pertenece todo atractivo que gana nuestra admiración, toda perfección que despierta nuestro amor, toda cualidad que le capacita para desempeñar los altos deberes de un hermano.

Como nuestro hermano, Cristo participa de nuestra naturaleza humana. No podría ser nuestro hermano, ni sentir amor de hermano, ni cumplir los deberes de un hermano, si no fuera «hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne». Jesús, tu porción, tomó en unión con su naturaleza divina tu propia y verdadera naturaleza, y la conserva aún, para que desde el trono más alto de la gloria fluya un raudal de simpatía humana que se mezcle con toda prueba, tentación, necesidad y dolor del más pequeño discípulo en la tierra. Jesús fue educado en la escuela del sufrimiento y del dolor. La experiencia personal del quebranto es esencial para la verdadera simpatía. Él ha enviado tu aflicción para que en ella Él, por simpatía, sea afligido. Ha abierto tu fuente de lágrimas para que, en compasión, las suyas corran por el mismo cauce que las tuyas.

No es prueba leve ni dudosa de que Cristo es nuestro hermano el hecho de que amemos a los hermanos de Cristo. Si esto falta, podemos cuestionar con justicia la realidad de nuestra relación fraterna con Él. Cristo ama por igual a todos sus hermanos; y si yo los amo, no porque sean de mi credo o de mi iglesia, sino porque son hermanos de Cristo, entonces evidencio mi relación con la única y verdadera fraternidad cristiana. ¡Oh alma mía, recurre a Él como tal! ¿Está cerrada contra ti la casa del hermano terrenal? La puerta de este hermano está siempre abierta, de día y de noche. Solo procura, solo procura constantemente, hacer la voluntad de Dios de corazón, pues Jesús ha dicho: «Cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD MY BROTHER

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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