Porciones diarias

Cristo es nuestra paz porque quitó la causa de la enemistad

El pecado nos hizo enemigos de Dios y a Dios enemigo nuestro judicialmente. Cristo hizo la paz por la sangre de su cruz, y al creer en él, el amor de Dios derrite el corazón en afecto y humildad.

"Él es nuestra paz." Esto necesariamente brota de ser reconciliados y acercados por la sangre de Cristo. El pecado no sólo nos hizo enemigos de Dios, sino que hizo a Dios enemigo nuestro. ¿Qué paz, pues, puede haber entre nosotros mientras somos enemigos mutuos? La paz se da entre amigos, no entre enemigos. Durante este estado de hostilidad y guerra, no hay paz real, ni puede haber paz sentida o disfrutada. Pero la remoción de la causa de la guerra trae la paz, primero en realidad y luego experimentalmente. Cristo hizo la paz por la sangre de su cruz (Col. 1:20). Ya no hay enemistad de parte de Dios, pues era una enemistad "legal". Dios siempre amó a su pueblo en Cristo; y como él es inmutable e invariable, nunca pudo ni los odió. Pero, como un juez es enemigo de un criminal aun siendo éste su propio hijo, así, como Juez y Legislador, Dios era enemigo de sus propios escogidos, mirados como transgresores de la ley.

Mas cuando la ley fue cumplida y todas sus infracciones expiadas por la obediencia y muerte de su amado Hijo, entonces esta enemistad legal fue removida y la ira de Dios contra el pecado y el pecador fue aplacada. Quitado, pues, el pecado, se remueve toda la causa de aquella enemistad "legal".

Y cuando creemos en el Hijo de Dios y recibimos la expiación por su preciosa sangre, entonces no hay enemistad de NUESTRA parte; porque la bondad, misericordia y amor de Dios derriten el corazón en la más dulce humildad, afecto y amor para con él y delante de él.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: September 16

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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