Si tu alma ha sido alguna vez favorecida con un gusto de misericordia, con un sorbo del arroyo del camino; si tu conciencia ha sentido alguna vez la aplicación de la sangre expiatoria, o el amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por el Espíritu Santo, cuando la ley venga a maldecirte, procura tener siempre presente que el Señor Jesucristo se yergue como escudo entre tú y su maldición. La ley no tiene, por tanto, nada que ver contigo que crees; ha maldecido a Jesucristo por ti; como declara el Apóstol: "Fue hecho maldición por nosotros"; y también: "Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero". Por eso la ley nada tiene que ver contigo que crees en Cristo Jesús. Él ha interceptado la maldición por ti y, al recibirla en su propio cuerpo y alma, la soportó apartándola de ti sin daño.
Es un bendito acto de fe cuando puedes así tomar a Cristo en tus brazos y alzarlo como escudo entre la ley y tu conciencia. Y esto parece insinuar el Apóstol en cierta medida cuando dice: "Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podréis apagar todos los dardos de fuego del maligno"; porque muchos de esos dardos de fuego son tomados de la ley. Es en verdad un acto grande y especial de fe tomar así a Jesucristo en los brazos y, sosteniéndolo ante el rostro de la ley, poder decir: "Ley, nada tienes que ver conmigo; Jesús ha cumplido todas tus justas demandas y ha soportado todas tus tremendas maldiciones. Él es mi escudo, para protegerme de tu sentencia condenatoria; y todas tus maldiciones son inofensivas; todas se quedan cortas ante mí, porque todas cayeron del todo sobre él."
Digo que es un acto especial de fe, porque no podemos hacerlo sino divinamente capacitados. De otro modo no sería más que un acto de presunción. Añadiré, además, que es cosa muy rara ser capacitado para tomar así a Cristo y alzarlo como escudo contra las maldiciones de la ley; pero cuando se hace bajo las influencias y operaciones del bendito Espíritu, es un acto de fe que Dios aprueba y honra. Ni hay otro escudo que intercepte su tremenda maldición.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 28
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.