Damos gracias al Señor por haber explicado la parábola del buen pastor. La mayor parte de ella puede interpretarse con certeza, porque ha sido explicada por el gran Maestro. Nada más claro que las palabras: «Yo soy la puerta de las ovejas». Jesús es la entrada del redil. Nadie puede venir al Padre sino por él. Él es el camino a Dios. Se ofreció a sí mismo como expiación por nuestros pecados, y por la fe en ese sacrificio podemos ser salvos. Hay otros pastores además de Cristo (pues sus ministros son sus subpastores), pero no hay otra puerta sino él.
¿Qué significan estas palabras: «Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores»? ¿Eran los profetas ladrones y salteadores? ¡No! Los verdaderos profetas dieron testimonio de Jesús; fueron sus subpastores; entraron por la puerta y apacentaron el rebaño. Esta es la promesa hecha al ministro fiel y a todo verdadero creyente: «Por mí, si alguno entrare, será salvo, y entrará y saldrá, y hallará pastos». Pero aunque hay otros pastores además de Cristo, no hay ninguno como él. Solo Jesús pudo decir: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Solo Dios puede dar vida natural, y solo él puede dar vida espiritual. ¡Cuán maravillosos son los medios con que la otorga! dando su propia vida.
Para describir lo que vino a hacer por sus ovejas, amplió su parábola y refirió un suceso que ocurre a menudo en los países pastoriles: «El asalariado, que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y dispersa las ovejas». Los fariseos son llamados por otro nombre en esta parte de la parábola. Habían sido comparados a ladrones y a extraños, pero ahora se les compara a asalariados. ¿En qué se asemejaban a los asalariados? En su falta de amor a las ovejas. ¿Cómo revelaron esa falta de amor? Huyendo ante la cercanía del peligro. Es verdad que no habrían podido salvar a las ovejas muriendo. Entonces, ¿por qué no buscaron la protección de quien sí podía? Este fue su crimen: arrojaron a las ovejas lejos de su único Salvador, su verdadero pastor. Los fariseos habían intentado arrojar al ciego lejos de él, pero no lo habían logrado: solo lo habían empujado más cerca de su pastor.
Jesús se cuida de las ovejas, y de cada cordero del rebaño. Halló a aquel pobre ciego, lo recogió en sus brazos y lo llevó en su seno. Pues los que apenas comienzan a creer en Cristo son débiles como corderos, aunque hayan vivido muchos años en el mundo. Tenemos un pastor que cuida de sus ovejas. Sabe que muchas de ellas han sido dispersadas. Hay personas en este mismo momento que se sienten pecadoras y anhelan el perdón, pero nadie les ha enseñado a mirar a Jesús. El buen pastor sabe dónde están, y dice: «Yo buscaré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día nublado y oscuro» (Ez. 34:12). ¿Nos ha buscado este Pastor, y nos ha hallado? ¿Podemos decir alguno de nosotros: Jesús me buscó cuando era un extraño, vagando lejos del redil de Dios; él, para rescatarme del peligro, interpuso su sangre preciosa?
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Christ explains the parable of the good shepherd
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.