Aquellos a quienes Cristo vino primeramente no lo juzgaron apto para ser su Mesías. Por eso se negaron a recibirlo y, en su lugar, lo clavaron en una cruz. Pero ¿qué contemplamos ahora? A ese mismo Jesús a quien ellos consideraron indigno de ser su rey, Dios lo ha constituido Rey de gloria, Señor del cielo y de la tierra. Todas las cosas están en sus manos: todo poder, toda misericordia, todo juicio. Los mismos gobernantes que lo rechazaron y exigieron su crucifixión, cuando despierten en la mañana del juicio, verán como su Juez al mismo Jesús que despreciaron y condenaron a muerte.
Muchas personas hoy consideran a Cristo inadecuado para ser su Maestro. No estiman un honor ser llamados cristianos. Se avergüenzan de confesar su nombre o de inscribirse entre sus seguidores. No desean modelar su vida según su santa y perfecta vida. Todos estos deberían recordar que Cristo tiene el honor supremo en el cielo. Ningún ángel se avergüenza de pronunciar su nombre. Los redimidos lo alaban día y noche. Dios el Padre lo ha exaltado al trono del poder eterno y de la gloria. ¿Por qué, entonces, los hombres pecadores deberían avergonzarse de reconocerlo como Señor?
Deberían recordar, además, que Dios lo ha constituido en piedra angular de todo el edificio no hecho con manos. Ninguna vida que no esté edificada sobre Él puede sostenerse. No existe otra roca sobre la cual fundar una esperanza. Si alguna vez han de ser salvos, tendrá que ser por ese mismo Jesús a quien ahora rechazan.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Corner Stone
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.