En estos versículos tenemos el relato de la limpieza que Cristo hizo de un leproso, quien vino y le adoró como a alguien revestido de poder divino. Esta limpieza no solo nos dirige a acudir a Cristo, quien tiene poder sobre las enfermedades del cuerpo, para sanarlas, sino que también nos enseña de qué manera hemos de acudir a él. Cuando no podemos estar seguros de la voluntad de Dios, podemos estar seguros de su sabiduría y de su misericordia. No hay culpa tan grande que no encuentre en la sangre de Cristo aquello que la expía; no hay corrupción tan fuerte que no encuentre en su gracia aquello que pueda dominarla. Para ser limpiados debemos encomendarnos a su piedad; no podemos exigirla como una deuda, sino hemos de pedirla humildemente como un favor. Quienes por la fe acuden a Cristo en busca de misericordia y gracia pueden estar seguros de que él está plenamente dispuesto a concederles la misericordia y la gracia que así buscan. Y son bienaventuradas aquellas aflicciones que nos llevan a conocer a Cristo y nos impulsan a buscar en él ayuda y salvación. Que aquellos que han sido limpiados de su lepra espiritual acudan a los ministros de Cristo y les abran su caso, para que puedan aconsejarlos, consolarlos y orar por ellos.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 8:2-4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.